Hay un Lugar que, sin ocupar, ocupo.
Porque es Él el que se ocupa
de ocuparme a mí.
Me acompaña en cada intento de alejamiento.
Y de acercamiento.
En cada mirada que me ciega.
En cada emoción que me quiebra.
En cada pensamiento que me tienta.
Hay un Lugar que es Vacío,
pero que lo llena todo.
Una Desnudez
que se viste a sí misma
de sí misma.
Un Silencio
que no puede ser apagado.
Ni pagado
para alcanzarlo.
Una Eternidad
que se Presencia
(y se presenta)
como futuro y como pasado.
Una Unidad
que danza al son
de la multiplicidad.
El Lugar que (no) ocupo
es el Hogar
en el que la Vida y la Muerte
respiran juntas.
En el que el bien y el mal
están más allá del bien y del mal.
En el que Dios
finge Ser Humano.
En el que el Norte
está (des)orientado
hacia la Nada.
En el que nada
sucede por casualidad
Ni por causalidad.
Esa Luz
que no puede ser Vista,
pero que (me) permite Ver
que todo viene y va.
Como nubes en el Cielo.
Como olas en el Mar.
Hay un Lugar que me ocupa.
Y que se ocupa de mí.
Que me llama a gritos
cuando no (le) Escucho.
Que me aprieta el Corazón
cada vez que creo
(y quiero)
tener el control.
No puedo cogerlo.
No puedo (re)tenerlo.
No puedo conocerlo.
Solo puedo Serlo.
Porque es
lo que en Realidad
Soy.
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