Desde que nacemos, nuestros padres, nuestra cultura, la sociedad, el colegio, la religión…, en un intento de protegernos, nos acaban transmitiendo todos sus miedos. Que, a su vez, les fueron transmitidos de igual manera. Y esas creencias temerosas que en la actualidad ya no tienen sentido porque nuestra realidad no tiene nada que ver con la de nuestros antepasados, nos hacen caminar a tientas. Repletos de armaduras. De corazas. De mordazas. De un «vivir a medias».
Aunque la intención es buena, los resultados son nefastos para nuestra plenitud. Para nuestra felicidad. Porque acabamos metiendo en un cajón aquello que nos hace latir. Vibrar. Lo que nos apasiona. Lo que nos alegra. Lo que nos sonríe. Lo que nos hace sentirnos libres. Completos. Y todo este Sentir que estamos desterrando, que estamos aniquilando «por miedo a», acaba asfixiándonos y haciendo que lo busquemos en otros cuerpos, lugares, dimensiones, estados espirituales que no nos lo pueden Dar (aunque se venda como que sí).
Es muy importante (y necesario) auto cuestionarnos. A nosotros mismos. Porque es en nosotros donde habitan todos los temblores que nos impiden ser lo que somos. Hacer lo que nos gustaría de verdad y no lo que está estipulado en nuestro sistema (familiar o social).
Cuando surge una oportunidad, una experiencia que nos saca de nuestra zona de confort, de nuestro «habitual», esas creencias, esos peligros heredados se activan. Y AHÍ es cuando debemos parar. Porque la inercia del cuerpo, de la boca, de la mente va a ser decir NO. Por el miedo que aparecerá de manera inconsciente y automática. Y es Esencial practicar esa escucha profunda, íntima, para distinguir cuando es un NO por un miedo que no tiene sentido y que nos apaga, o un NO que es realmente un No para nosotros en este momento.
Por eso, el auto conocimiento es imprescindible en el Camino de la Felicidad, de la Plenitud. Un conocer cómo funciona la mente, las creencias, las emociones. Qué es lo que nos hace saltar, gozar. Con quién. Dónde. Cuáles son nuestras inercias. Nuestros patrones. Las estrategias que usamos para escapar de lo que nos atemoriza. Qué estamos buscando en el otro (o en lo otro) para que nos llene un espacio interno que sólo podemos llenar (con) nosotros. Haciendo realidad nuestros sueños, no sólo soñándolos. Atrevernos a SENTIR todas las emociones que estamos negando. Y renegando de ellas porque CREEEMOS que nos harán caer a un pozo sin fondo del que no podremos salir nunca.
Auto conocerse para decir SÍ, aunque nuestra mente (en un intento de protegernos) nos esté acribillando con un NO.
A medida que vas dando pasos, esos miedos se van disolviendo. Pero pretendemos primero quitarnos los miedos y luego dar el paso. Y funciona al revés. Primero, aparece el miedo. Lo sientes. Surge el NO. Y, si ya te Sabes, si ya te conoces, permitirás que ese miedo tengo su sitio también, pero que no lo ocupe todo. Que no te ciegue. Que no te tape la boca. Que no decida por ti. Y una vez sentido, y Visto, y escuchado, y abrazado…, entonces empieza a perder fuerza y LO que de verdad sientes y quieres (que se halla bajo esas capas de creencias heredadas) sale a la superficie. A la luz. Y es el momento de tomar la decisión. De atreverte a dar ese paso. A decir SÍ a lo que ahora sabes que te hace latir. Porque si te quedas en la toma de consciencia únicamente, ésta no te sirve para nada. Es necesaria la ACCIÓN para que el miedo desaparezca del todo y no vuelva a surgir. Por experiencia te digo que no lo hace más (en esa situación).
Ése es el proceso del Miedo psicológico. No se trata de rechazarlo, sino de mirarlo. Porque es en ese Mirar, en esa escucha, en esa atención, en esa Presencia… cuando te das cuenta de que no es real. De que «no hay peligro». De que sólo era una posibilidad más que ha surgido por haber sido lo habitual en tu vida hasta ese momento. En cuanto cambias «lo habitual», en cuanto tomas otras decisiones, esos automatismos cambian también. Funciona igual que un algoritmo de Instagram. A lo que le prestas atención, tiempo, es lo que se te aparece en la pantalla. Pues nuestra mente actúa de la misma manera, pero va acompañada de emociones que son las que nos hacer elegir una cosa o la otra.
La cuestión es descubrir de DÓNDE surgen esas emociones. Cuál es su raíz. Si son coherentes con lo que tú eres AHORA o tan sólo son fruto de traumas, heridas pasadas. Ya sean tuyas, de tu familia, de tu cultura o de la humanidad.
Sentir miedo es humano. Sentir… es humano. Forma parte de nuestra experiencia vital. La pregunta es: ¿tiene algún sentido ese miedo que estás sintiendo? ¿Te está protegiendo de algo real o de algo imaginario, del pasado, que nada tiene que ver con tu situación actual? ¿Lo estás usando porque no te atreves a dar un paso al frente hacia aquello que amas de verdad? ¿Te está impidiendo ser feliz, ser libre y volar?
Todas las respuestas están en ti. Eres tú la que necesitas ser absolutamente honesta contigo misma. Nadie puede hacer el trabajo que tienes que hacer tú. Te estarías volviendo alguien dependiente. Te estarían arrebatando sabiduría. Poder. Verdadero poder.
No se trata de que no pidas ayuda. Se trata de que esa ayuda no se convierta en algo o alguien de lo que te vuelves adicto. Que utilizas para que te resuelva TUS problemas. Que te impide desarrollar la capacidad para sostenerte a ti misma. Lo que no significa que no permitas que los demás también lo hagan, pero no como sustitutos de ti.
Sentir miedo es algo natural. Lo que no es natural es sentir un miedo que te impide ser feliz, vivir plenamente y ser quien en eres de verdad.
Tú decides. Sólo necesitas dar un paso. Sólo un paso para que el Camino aparezca. Y disfrutar(te). Y confiar.


