SÁBANAS GASTADAS

Tengo las sábanas gastadas.
De tanto soñarte.
De acariciarlas como si fueran tu piel.
De viajar por cada uno de sus rincones.
Hasta hacerlos estremecer.

Tengo las sábanas gastadas.
De dibujar tu sudor en mis piernas.
De abrirme a la vulnerabilidad de tus cadenas.
Y de tus caderas.
De mojar mis ansias de beberte en ellas.

Tengo las sábanas gastadas.
De penetrarlas… con los gemidos que no me regalas.
Con los besos con los que no me callas.
Con las miradas que esquivas
cada vez que enciendes las mías.

Tengo las sábanas gastadas.
De quererte y no poderte.
De la lejanía con la que te me acercas.
De las espaldas que me regalas.
De los «nosotras» que nunca dan la cara.

Tengo las sábanas gastadas.
Llenas de (re)cuerdos que me enloquecen.
De orgasmos que me desaparecen.
Y de celos que me tejen.

Pero mientras te siga soñando
seguiré amando(te) (en) esas sábanas.
Hasta que el aroma de tus latidos
se quede (sin)sentido.
Hasta dejarla sin los hilos
con los que cada noche
me coso a ti.

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