A veces, la realidad te rompe.
Por dentro. Por fuera.
Por los lugares que ni sabías que existían.
Por los que ya estaban quebrados.
Por los que ocultabas al mundo.
A la vida.
Y al amor olvidado.
Realidad.
Aunque quisieras que fuera un sueño.
Un soñando.
Un soñar.
La sientes en cada esquina.
En cada recov(eco).
En cada sitio sitiado por el miedo.
En cada célula de tu cuerpo.
Y de lo que respira
más allá de tu pecho.
Y a veces, la realidad te invita a bailar.
Te invita a mirar.
A escuchar.
A tocar (contacto o sintacto).
A acariciar.
Los dolores que te están atravesando.
Los pedazos que has separado de ti.
Los deseos que no puedes cumplir.
Los secretos a voces que se quedan sin()vivir.
Y los estiras.
Y los sudas.
Y ESTÁS con ellos.
Y en ellos.
Respetando su ruido.
Respetando su silencio.
(Des)haciéndote UNA con ellos.
Sobre ellos.
Y entre ellos.
Una invitación a danzar lo que te quema.
Lo que te vacía.
Lo que te aprieta.
Lo que te ahoga.
Lo que te sobra
(aunque nunca sobre).
Una invitación a saberte.
Y a saborearte.
Y a sentir cómo vuelan tus raíces.
Y cómo aterrizan tus alas
sobre la pista (sin pistas) de tus pies.
A veces, la realidad te rompe.
Y otras veces
te REGALA una invitación.
Una invitación a bailar lo (aparentemente) roto.
Para que te des cuenta
de que por muy rota que estés
nada ni nadie
puede romper lo que Eres.
Que no es
ese «quién»
tan repleto de etiquetas
que crees ser.
Re(g)alidad.

LA PAZ INTERIOR ES LA DESIDENTIFICACIÓN DEL PENSAMIENTO
LO que eres no son tus pensamientos.LO que eres es la Paz que tanto anhelas. Y no es algo que

