Esta mañana me he cruzado con una frase: “La vida no está para regalarla”. Se lo decía un hombre a otro. Y el primer pensamiento que me ha llegado, casi instantáneamente, ha sido:
¡Sí lo está! Claro que sí.
Regalar vida. Regalarnos a la vida. A los demás. ¿Qué puede haber más puro, amoroso y humano que eso?
No todo está en venta. Ni en reventa. Ni necesita ser devuelto. Ni amortizado. Ni intercambiado.
Aquello que DAS desde el Corazón, aquello que SIENTES cuando das desde el Corazón, ES la recompensa que recibes.
Sí. Es importante que haya un equilibrio. Pero muchas veces confundimos valor con dinero. Éxito con algo material. Y nos olvidamos de lo esencial: el amor. Lo que se hace sin esperar una medalla, un aplauso o una palmadita en la espalda. Lo que se hace “porque sí”. Sin una razón razonada. Ni dictaminada. Lo que se hace desde el SENTIR. Desde el Alma. Desde el “no espero nada de ti”.
Cuando amas a una persona, a un lugar, lo DAS todo. Evidentemente, y en mi caso, esa persona o lugar no son cualquiera. Hay una elección no elegida. No estoy en lugares ni con personas que no me tratan
con respeto y que tienen unos valores que no coinciden con los míos. Eso significa que recibo sin solicitar, sin pedir. Que Dan desde el mismo lugar. Sin reclamar. Ya hay un equilibrio de por sí. Por eso, el “darlo todo” no se convierte en un “me quedo sin nada”. Es más bien una retroalimentación no pactada. Que sucede de forma natural. Sin necesidad de palabras. ¿Acaso hay algo más bonito que Regalar lo que eres? Regalar tu sonrisa, tu escucha, tu abrazo, tu alegría, tu vulnerabilidad, tu tiempo. tu intimidad, tu mirada, tu cuidado, tu empatia.
¿Puede algo tener más valor que eso…?


