QUE NOS DUELA EL DOLOR AJENO

El miedo a Sentir es lo que nos aleja de Vivir plenamente. Y no somos conscientes de ello. Si vamos tirando del hilo de nuestras heridas, acabamos en ese temor. Pero nos quedamos en el contenido, en lugar de en el continente. Ponemos todo nuestro foco, nuestra atención en la historia. Y pasamos por alto la raíz. Que nada tiene que ver con el relato, aunque sea el relato el que la ponga en marcha.

El dedo que señala es el acontecimiento. La Luna es lo que sentimos al recordar el acontecimiento. Y nos estamos quedando mirando el dedo, ocupando del dedo, en lugar de atender a la Luna, que es a la que necesitamos VER.

Cuando te acostumbras al dolor, puedes llegar a dejar de Sentirlo. Y no porque te vuelvas inmune a él, no porque lo hayas eliminado de tu Corazón, sino porque nos hemos colocado (inconscientemente) una barrera de frialdad para no sentirlo. Porque nos hemos creído que no somos capaces de sostenerlo. De Vivirlo. Y no es verdad. Lo que sucede es que no nos enseñan a ¡sentir!, sino a todo lo contrario. A escapar, a huir, a anestesiar, a analizar, a racionalizar, a espiritualizar… lo que sólo necesita ser sentido. Y cuando somos adultos, ésas son las estrategias que usamos (inconsciente y automáticamente) para que no nos duela el dolor ajeno. Ni el propio. Lo cual hace que nuestra Humanidad se vaya durmiendo cada día un poquito más.

Sentir, sea la emoción que sea, no nos mata. Te lo puedo asegurar. Sentir que se rompe el corazón cuando alguien a quien amas se va. Sentir el vacío y la soledad. Sentirte rechazada. Sentirte traicionada. Sentirte abandonada. Sentirte herida. Sentirte insegura. Sentirte menospreciada. Es el precio a pagar por ¡VIVIR! No por sobrevivir. Por Vivir con el Corazón abierto. Por Amar. Por confiar. Por entregar(te). Por dar(te). Por ser libre. Por ser tú, no una apariencia ni una máscara ni un disfraz de ti.

Queremos sentirnos plenos, completos, unidos, iluminados…, pero ¡no queremos sentir! No queremos pagar el precio de la Plenitud. De la Totalidad. De la Unión. Con uno mismo y con los demás. Queremos sólo las emociones agradables. Queremos vivir sólo la parte bonita de la Vida. Y, lo siento mucho, pero no funciona así.

O lo abrazas todo o te quedas a medias. Y a medias significa incompleta. Con todas las sensaciones internas de «me falta algo» que te acompañarán, por muchas meditaciones, talleres, sanaciones, métodos y técnicas que realices.

Si niegas una parte de ti, de la vida, no puedes sentir la plenitud y la conexión que buscas y anhelas. Porque, por si aún no lo has descubierto, lo que buscas no está en el exterior. En encontrar a tu alma gemela o un trabajo que te apasione o una cuenta económica infinita y eterna. Todo eso es «el efecto de». Es la consecuencia de sentir que tú eres tu alma gemela, que tú eres la pasión que anhelas y que tú eres el valor que pretendes comprar fuera.

Y hasta que no te atrevas a Mirarte en tu totalidad, a asumir tu luz y tu oscuridad, a Verla, a abrazarla, a amarla (no juzgarla) y a dejar de temerla, siempre estarás actuando DESDE EL «miedo a». Siempre estarás pasando de puntillas por la Vida «por miedo a». Siempre acabarás escapando de ella «por miedo a». O apegándote, aferrándote, dependiendo de ella «por miedo a».

Las emociones vienen y van. No suelen durar mucho cuando no les tienes miedo. Cuando permites que estén, en lugar de luchar contra ellas (que es lo que les da fuerza y hace que se queden más). Aparece el rechazo, los celos, la inseguridad, el miedo, la soledad, el vacío, el asco, la ira…, la sientes en ese momento en la intensidad que sea y al rato desaparecen. Es así de sencillo. No tienes que hacer nada. No es una técnica que realizas, no es un proceso que se requiera, es una DECISIÓN QUE TOMAS en cada instante. Simplemente, te conviertes en un canal de SENTIR (siempre lo eres…) por donde pasan emociones, sensaciones que se activan con los sentidos que tenemos. Igual que la piel tiembla de frío o suda de calor. Igual que sentir hambre o sed. O dolor físico cuando te das un golpe. Lo mismo sucede con una emoción. No hay diferencia.

Pero estamos tan llenos de creencias sobre que unas emociones son positivas y otras negativas, que sentir unas te hace débil y sentir otras, valiente, que acabamos por crear bloqueos, muros, fronteras, corazas… en nuestra mente y en nuestro cuerpo.

Que nos duela el dolor ajeno es un buen síntoma. Significa que nuestro Corazón está abierto. Que podemos empatizar. Ser compasivos. Conectar con el otro. Y con nosotros.

Si no estás abierto a que te duela el Mundo, a que te desgarre por dentro, tampoco lo estás a amarlo. A que explotes de felicidad. Y de paz. Porque la Paz no es un estado de calma puntual. De relajación tras una meditación o un masaje o un paseo por el mar. La Paz sólo se «logra» cuando estás en paz con TODO lo que eres. Cuando eres capaz de SENTIRTE en tus luces y en tus sombras. Y quedarte contigo. Y sostenerte. Y acompañarte el tiempo que necesites.

Sólo cuando estás en paz contigo, con TODO el abanico de emociones que incluye nuestra humanidad, con TODA su gama de intensidad, con TODA su dificultad, podrás estar en paz con el Mundo y con los demás. Lo que NO significa que externamente (e internamente) haya paz (serenidad, calma, tranquilidad, relax). El caos, el desorden, está incluido en el «estar en paz» contigo.

Puedes estar rota y, a la vez, estar en paz con esa ruptura. Puedes sentir todo un volcán en erupción en ti y estar en paz con ese fuego. Puedes sentir miedo e inseguridad y estar en paz con ello.

La Paz Real no tiene nada que ver con las emociones que sientes, sino con no rechazarlas ni juzgarlas. Es no tenerle miedo a la sensación de miedo. Porque Comprendes, porque Sabes, que no hay nada que temer. Que Sentir, sea lo que sea, está bien. Que no te hace más ni menos. Correcta ni incorrecta. Mejor ni peor.

¡Que nos duela el dolor ajeno! ¡Que no nos convirtamos en robots! ¡Ni en un amor artificial! ¡Que seamos valientes y nos atrevamos a vivir con la piel desnuda de armaduras! Y que nos demos cuenta, no demasiado tarde, de que se trataba de Amar(nos), no de arreglar(nos) ni de mejorar(nos).

El Éxito, la Libertad, es poder estar contigo, con todas tus caras, mirarte al Espejo y no escapar.

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