NO PUEDES ILUMINAR TUS SOMBRAS SIN SENTIRLAS

La Vida es un constante aprendizaje. Más bien REaprendizaje. Un «volver a casa» donde Casa es sentirnos en paz con nosotros mismos. Es dejar de luchar contra lo que sucede en cada instante. Contra lo que sentimos.

Tenemos la memoria corporal repleta de creencias, de mandatos que nos asfixian. Que no nos permiten vivir en libertad. Que hacen que nos pasemos el día controlando para que nada pueda alterarnos cuando ese control ya nos está alterando. No nos conocemos. No nos sentimos. No sabemos quién somos. Y eso hace que caminemos perdidos. Buscando un Norte externo que sólo se haya en nuestro interior. En nuestro Corazón. Un Norte que es la Verdad de cada instante. No la de ayer ni la de mañana. La de Aquí y Ahora, que es donde la Vida sucede. Donde la Vida se respira y se da.

Nos creemos que sabemos mucho de nosotros mismos, pero somos unos ignorantes. No tenemos ni idea de cómo funcionamos. De por qué hacemos lo que hacemos. De por qué elegimos lo que elegimos. De dónde surgen nuestras emociones. De cómo es el proceso emocional. De qué es exactamente una emoción. Y no sabemos porque en lugar de experimentarlo en nuestra propia carne, pretendemos entenderlo, analizarlo, razonarlo desde la teoría de una formación, un libro, un taller o la experiencia de otra persona. Y así NUNCA vamos a poder adquirir sabiduría real porque ésta se basa en la experiencia personal, no en la ajena.

No sabes nadar hasta que te lanzas al agua, la sientes y te empiezas a mover. Un Doctorado en «saber nadar» no te hace saber nadar. Sólo te hace acumular información en la mente que te hace sentir (falsa) seguridad.

La verdadera seguridad, la verdadera confianza, el verdadero PODER habita en quedarte contigo. Con tus emociones. Sintiéndolas, sosteniéndolas. SINTIENDO (siempre es sintiendo) cómo te rompen por dentro, cómo se siente la soledad profunda, el vacío profundo, la rabia profunda, la desesperación profunda, la tristeza profunda, el dolor profundo…, que son las emociones que más intentamos evitar de mil y una maneras (por muy «sanas» que sean).

Hasta que no eres capaz de ESTAR con todo lo que más temes (que es una emoción) y DESCUBRIR que no pasa nada al atravesarla, al sentirla, no puedes estar en paz contigo, con la vida y SER LIBRE de Verdad. Porque te pasarás la vida huyendo de esa emoción (que es de lo que en realidad huimos) sin darte cuenta.

La mayoría de las personas se quedan en la superficie de las emociones. De sus heridas (que no son más que emociones atrapadas en el cuerpo que no permites que salgan por miedo a sentirlas). Por eso, casi no se producen cambios. Por muchas prácticas que realicen, siguen en el mismo lugar. Porque las prácticas, las técnicas, las herramientas son tiritas, no Raíz. Son formas de aliviar, no la forma de «cortar».

Llegar a la Raíz requiere mucho tiempo. Mucha «gota a gota». Mucha «capa a capa». Porque es lo más intenso emocionalmente. Donde habita el dolor más profundo. Y hasta que no tienes una seguridad interna suficiente como para poder sostener lo que hay ahí «metido», esa puerta va a estar cerrada para ti. Será inaccesible porque no será soportable y tu sistema nervioso te impedirá entrar.

Si miras hacia atrás y no te sientes más libre, más tú, más en paz CONTIGO, es que no estás haciendo nada. Sólo distrayéndote con talleres, cursos, formaciones, métodos. Sólo llenándote la mente de creencias que te «protegen» de esa Raíz a la que hay que llegar sí o sí para «volver a casa». Para sentirte Completa y ser feliz (dejar de luchar contra ti).

Queremos «iluminarnos» evitando SENTIR todo ese dolor almacenado. Y así lo único que logramos es disfrazarnos de «iluminados», de «sabios». Disfraz que se cae por su propio peso. Disfraz que te acaba asfixiando porque te aleja de TI. De tu Verdad. De lo que está oculto en las Sombras y que no quieres ni mirar porque te resulta demasiado doloroso y ni siquiera lo sabes.

Queremos ser Libres llenándonos de Corazas. De Corazas mentales, espirituales. Para evitar ¡la vida! Porque SENTIR es Vida, aunque a veces nos desgarre la piel.

No es lo que haces, es PARA QUÉ lo haces. DESDE DÓNDE lo haces. Si meditas 8 horas al día para evitar Sentir, no te servirá de nada. Será un método de evitación más. Serás igual de esclavo que los demás. Esclavo de TU MIEDO, que es el que te gobierna y DESDE EL que realizas la práctica.

Hasta que no te sientas segura de ti misma, hasta que no confíes en ti para quedarte contigo y SENTIR todo lo que necesita ser sentido en cada momento, serás una prisionera de tu miedo y lo proyectarás fuera o lo somatizarás. Todas tus decisiones (aunque no seas consciente de ello) se dirigirán a ESCAPAR del dolor emocional que YA habita en ti y al que tanto temes. Y la «espiritualidad» está TAMBIÉN llena de vías de escape y de creencias que te alejan de ti, en lugar de acercarte a la Raíz.

Si no te rompe la rabia y la tristeza, si no acabas llorando hasta inundarte de lágrimas ni soltando furia por los ojos y por la boca (no a alguien, sino a la nada), es que no has tocado ninguna «raíz». Ha sido un trabajo muy superficial. Porque cuando de VERDAD hay liberación, ésta pasa ANTES por la «descarga» emocional intensa y pura. Sin filtros. Sin condenas. Sin castigos. Porque si hay muros, si hay condiciones, si hay rechazo, si hay juicio esa emoción no va a salir porque no le estarás dando permiso (consciente o inconscientemente).

Para que una emoción haga su curso de manera fluida no puede haber represión interna sobre ella porque la bloquearás con tus creencias. Por eso, tenemos el cuerpo, los órganos llenos de emociones retenidas y no expresadas. Porque en su momento (y ahora) nos las tragamos. Nos convertimos en cárceles para ellas con nuestros mandatos internos sobre lo que deberíamos sentir y no sentir, pensar y no pensar. Somos nuestros propios dictadores. Y le echamos la culpa al sistema, a «cómo está el mundo», a los demás, de cómo nos sentimos, cuando somos nosotros los que somos incapaces de SENTIR NUESTRA VERDAD porque nos da miedo hacerlo.

El Amor Incondicional no es ser buena persona, hacer voluntariados, ser generoso con los demás, ayudar al prójimo y abrazar a todo el mundo. Los «voluntariados», los oficios de «servicio» a los demás están repletos de personas que se autoabandonan, que no saben poner límites, que no saben decir que no, que no se cuidan, que huyen de sus heridas internas, que USAN el voluntariado y su trabajo porque es más fácil salvar, sostener y cuidar a los demás que a uno mismo. Lo USAN para sentir que valen algo porque no se creen merecedoras de amor sin esa valía EXTERNA. Lo USAN para excusarse de no tener tiempo porque tienen que «mejorar» el mundo. Porque CREEN que el mundo, las personas LAS NECESITAN, cuando la única persona que está suplicando que le hagan caso y que se OCUPEN de ella son ellas mismas. Y lo sé porque yo he tenido ese perfil/rol/identidad que me ha costado MUCHOS años, muchas lágrimas…, llegar a su raíz y cortarlo por lo SANO.

Pero hace falta mucha HONESTIDAD para Ver esa Verdad. Todos queremos honestidad, pero casi nadie la practica con uno mismo porque Ver lo que te has hecho durante tantos años, lo poco que te has cuidado, lo que te has arrastrado por «amor», lo que te has herido, resulta muy doloroso. Es más fácil Ver lo del ojo ajeno que lo del propio.

No se trata de arreglarte, de mejorarte, sino de VERTE en toda tu VERDAD. Por muy mal que huela. Ahí, detrás de todo ese hedor y oscuridad, está la Luz, el Amor, la Paz, la Libertad, la Plenitud que anhelas. Pero hay que atravesar la sombra, las emociones, antes. Cualquier otro Camino sólo se convertirá en una distracción más sin ningún tipo de resultado REAL.

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