No hay puertas.
Que den paso a los muros.
Ni a las ventanas.
Ni que te lleven al abismo.
Ni tampoco al paraíso.
Las llaves no se pueden encontrar.
Porque no se pueden perder.
Porque no hay cerraduras en ningún lugar.
Porque no hay puertas
ni que abrir
ni que cerrar.
Sólo hay UN Camino
sin principio
ni final.
Sin desvíos que coger.
Sin destinos que alcanzar.
UN Camino ya (re)corrido.
Donde el polvo ha sido echado.
Donde las huellas han nacido.
Y donde el viento las ha borrado.
No hay puertas
por las que pasar.
Ni de las que pasar.
Ni con las que tus sueños choquen.
Ni que te impidan volar.
Sólo hay UN Camino.
Que en tu piel ya está escrito.
Que no puedes maquillar.
Ni regalar.
Ni descifrar.
Ni retroceder.
Ni avanzar.
Porque sólo el Camino
conoce su mapa.
Porque sólo el Camino
sabe la Verdad.
No hay puertas
que alzar.
Ni que derribar.
Sólo Espacio
en el que siempre Eres.
Sólo Espacio
en el que siempre Estás.

NO PUEDES ILUMINAR TUS SOMBRAS SIN SENTIRLAS
La Vida es un constante aprendizaje. Más bien REaprendizaje. Un «volver a casa» donde Casa es sentirnos en paz con

