Nuestro anhelo siempre es el de Libertad. Que es lo mismo que Plenitud. Que es lo mismo que Amor Incondicional. Que es lo mismo que Unidad. Y todo ese Hogar está velado por la búsqueda. Por la sensación energética de que algo falta, de que necesito algo más y mejor de lo que hay (soy) en cada instante.
Buscamos Paz, buscamos Hogar, buscamos Unidad, y con esa atención en un mañana, en un allí, en otra cosa, pasamos por alto ESTO que ya es aquí. Que ya es Completo. Que ya es Perfecto en su forma (sea la forma que sea). Que no NECESITA nada más. Que ya es Todo lo que puede ser. Y no ser.
Lo que hace que no Veas la Paz es que la estás buscando por creer que aquello que sucede, que se presenta, que se manifiesta es un error, es algo a mejorar. Lo rechazas. Lo excluyes. Lo comparas con otra cosa y en esa comparación, en ese juicio surge de manera simultánea la carencia. La pérdida. O lo contrario: soy más que, soy mejor que. Que viene a ser lo mismo y que se sustenta por la misma raíz de Separación.
Si todo es UNO, si solo hay Unidad, no puede haber comparación. ¿Qué comparas con qué? Para que haya un juicio, debe haber dos objetos separados. Un sujeto (que es también un objeto en forma de sujeto) y un objeto.
No hay dos tiempos. No hay dos espacios. No hay dos cuerpos. No hay dos almas. No hay dos seres. Sólo una misma Energía que aparece como muchas. Que APARENTA estar dividida. Igual que el Mar aparenta estar dividido por muchas olas. O el cuerpo por muchas partes: pie, mano, dedos, cabeza, antebrazo, pierna…
Pero esa energía de «búsqueda» que surge en todo cuerpo también es Perfecta. Es lo que aparece en este instante. Y también viene y va. Es lo que se llama el «yo». El «ego». Si observas, podrás darte cuenta de que hay muchas situaciones en el día en el que ese «yo» no está presente. Como cuando el cuerpo va solo hacia un lugar y al llegar no sabes cómo has llegado porque estabas «en las nubes». El cuerpo funciona por sí mismo sin un alguien, sin un ser, sin un «yo» que lo haga funcionar, que tenga voluntad propia y libre albedrío.
No hay nada que alcanzar. No hay nada que encontrar. No hay nada que perfeccionar. No hay nada en lo que convertirse. No hay propósito. No hay misión que cumplir. No hay iluminación que tenga que suceder. No hay nada a conocer ni saber. No hay una persona que mejorar o no mejorar (no hay ninguna persona, ningún yo, ninguna alma, ningún ser). Porque todo ya es Plenitud, aunque el cuerpo sienta lo contrario. Ese contrario, esa carencia, esa necesidad de una experiencia mejor, también es Plenitud en esa forma.
Se le llama Amor Incondicional, no porque sientas permanentemente un sentimiento de amor, sino porque no hay condiciones en «lo que es». En la Plenitud. No excluye, juzga, rechaza nada. Todo es UNO. Todo es Amor Incondicional (que no es una emoción ni un sentir). Y la Libertad es porque «lo que es» puede ser cualquier cosa. Tampoco hay condiciones ni mandamientos ni moralidad ni mordazas. La Vida se puede manifestar de todas las maneras. Ésa es la Libertad. Incluso con la sensación de no libertad.
Está permitido Ser lo que eres. Nada de lo que aparece (emociones, pensamientos, decisiones, objetos, formas, manifestaciones) es un pecado, un defecto de fábrica o algo a eliminar.
Es así de simple. Todo Es «lo que es». Sin interpretación. Sin propósito. Sin nada más que alcanzar.
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