Nos cuesta mostrarnos vulnerables. Yo he necesitado muchos años para poder llegar al punto de no sólo saber (mente) que nuestra vulnerabilidad es Belleza, sino de Sentir (cuerpo) que lo es. He necesitado entrar en mis profundidades más oscuras, más temidas, para Ver las mentiras tan arraigadas que había en ellas. Que me habían sido transmitidas por la sociedad, por la familia, por la cultura, por la religión, por la espiritualidad.
Nos cuesta estar en contacto con las emociones más incómodas. Con la tristeza, el vacío, la soledad, la frustración, el miedo, la inseguridad. Porque tenemos la Piel cosida de creencias (ignorancia) que nos arrastran hacia los roles, los personajes, las apariencias, las máscaras y los disfraces.
Nos da miedo sentir miedo. Nos da miedo la intensidad emocional. Porque en lugar de sostenerlas, escapamos de ellas. Porque nos hemos acostumbrado a taparlas, anestesiarlas. Y a que sean otros las que nos (las) sostengan cuando se presentan. Por eso, en cuanto sentimos algo que nos desregula, que nos descoloca, que nos incomoda (por mucho que nos guste), que nos ahoga, salimos corriendo. Cuando lo que nos está pidiendo el cuerpo es que nos QUEDEMOS. Que seamos nuestro propio sostén. Nuestra propia seguridad. Que nos acompañemos en esa intensidad que no es más que Vida. Que no es más que Sensibilidad. Que no es más que Humanidad.
Pero es que, si nunca lo hacemos, nunca podremos SER ese lugar de acompañamiento para con nosotros mismos. Y estaremos siempre viviendo desde el miedo, desde la alerta, desde la protección, desde el CONTROL, desde la vigilancia a no sentir demasiado por CREER que puede ese sentir aniquilarnos (algo que no sucede).
Nos cuesta muchísimo SENTIR. Y ese miedo nos lleva a alejarnos de nosotros mismos. A tener un vínculo insano con nosotros mismos. Y, como consecuencia, con los demás. Porque ese miedo lo vamos a proyectar en las relaciones. Da igual si es de compañeros, de amistades, familia o pareja. Y es que lo importante es el vínculo que tenemos con nosotros mismos. ¿Cómo te tratas? ¿Qué haces cuando sientes una emoción que te resulta desagradable? ¿Te pones límites? ¿Sabes tus límites? ¿Te escuchas para saber si puedes ocuparte de todo lo que te ocupas o dices que Sí cuando el cuerpo te está gritando que No? ¿Te cuidas? ¿Eres amable contigo o te exiges perfección? ¿Te quedas contigo cuando sientes tristeza o ira o vacío o soledad, o te juzgas por ello e intentas eliminarlas de algún modo?
¿Cómo te vinculas contigo? Ésta es la clave. Y mientras NOS tengamos miedo a nosotros mismos, a lo que sentimos, no podremos ser felices ni sentirnos plenos. No podremos decidir desde la libertad porque estaremos muertos de miedo. Y haremos todo lo posible para evitar SENTIR lo que creemos que somos incapaces de sostener o lo que creemos que no deberíamos sentir por tener creencias de cómo deberíamos ser o no ser.
¿Cuál es tu Verdad ahora? No la que te gustaría o la que dictan los libros o los maestros o «quién sea». Ahora. ¿Qué te está diciendo tu cuerpo? ¿Sabes escucharlo, interpretarlo? ¿Le haces caso?
Nos han (hemos) llenado la cabeza de «mejores versiones», de «iluminaciones», de «perfecciones», que nos hacen sentir que debemos «dar la talla» en todo lo que hacemos. ¡Qué presión! ¡Y cuánto sufrimiento vivir así! Y ni siquiera nos damos cuenta de ello. La autoexigencia nos contrae, nos da una patada en el Corazón, en la amabilidad, en la suavidad, en la dulzura, en la ternura, en la compasión, EN LA VERDAD. Y destierra cualquier posibilidad de DISFRUTAR del Camino porque lo único que estamos mirando es la Perfección de la meta. Porque nos hemos creído que, si no estamos a la altura, no somos nada ni nadie ni dignos de amar ni de ser amados.
Esas creencias, ese sentir que necesitamos demostrar lo que valemos siendo y haciendo «perfecto», son la raíz de nuestro sufrimiento. Y se manifiestan de muchas maneras. En todos los aspectos de nuestra vida. Y, por experiencia propia, te aseguro que hasta que no son cortadas (desde el cuerpo, no sirve entenderlas), vas a seguir sintiendo que tienes que alcanzar una perfección que, por otra parte, no es REAL. Porque Ser Humano implica imperfección. Implica aprendizaje. Y el aprendizaje implica error, equivocarse.
Queremos aprender, mejorar, pero siendo YA mejores. Lo cual es muy incoherente. Y es esa incoherencia interna entre la Verdad (presente) y lo que nos gustaría que fuese/perfección (futuro) la que vamos a transmitir fuera constantemente. Y lo que nos va a hacer tanto daño.
La Coherencia habita en el Presente. La Verdad habita en el Presente. No se basa en teorías, en ideas, en creencias. Por eso, lo que hoy es un Sí, mañana puede ser un No. Porque no somos algo fijo, estático, que no se mueve. Nuestra biología es cambio constante. Y hoy puedo sentirme cansada por mil razones y ese cansancio puede hacer que me sienta más insegura y vulnerable y triste, y que mi cuerpo, mi VERDAD me esté señalando con esos síntomas, emociones, son una contracción interna que me dice que necesito parar, descansar, quedarme en casa CONMIGO, mimarse, cuidarme, abrazarme, acompañarme, en lugar de hacer, hacer y hacer de manera automática y compulsiva, pero SIN HACERme caso.
Se necesita una Escucha de instante a instante para poder HABITARNOS y ser coherentes con NUESTRO momento Presente.
Pero ni nos escuchamos ni nos hacemos caso porque no nos conocemos. Porque no tenemos ni idea de cómo funciona nuestro cuerpo. Nuestro organismo. Nuestra mente. Porque no sabemos diferenciar las señales que nos envía el cuerpo. Porque CONFUNDIMOS una señal del cuerpo de un No por una circunstancia temporal por el estado de ese momento en el que nos encontramos con un «diagnóstico» crónico que nos colgamos.
La Vulnerabilidad no sólo es preciosa sino también Sagrada. No saber acompañarnos, sostenernos en TODAS las emociones, en el dolor, en el sufrimiento, en la frustración, en la ira, en el deseo sexual, en LA CULPA, sin que éstas nos arrastren y hagan que nos abandonemos, provoca que nos volvamos DEPENDIENTES de los demás. Porque una cosa es pedir ayuda para que te acompañen en tu dolor y otra muy distinta es que no sepas sostenerte a ti misma y acudas a los demás (o a sustancias que te evadan o actividad o trabajo o sexo o comprar, o comida o redes sociales o escritura o libros o talleres o cursos o «lo que sea») para que sostengan lo que tú no sabes sostener por ti misma.
Y hay personas que no saben hacerlo porque siempre ha habido alguien (pareja, madre, padre, amigos…) o algo a quién han acudido cuando sentían algo intenso que les incomodaba. Y eso ha hecho que no pudieran desarrollar la capacidad para sostenerse a sí mismas. Y es que cuando no tienes a nadie, cuando estás sola, no te queda más opción que ocuparte tú de ti. Por mucho que te duela. Por muy desgarrador que sea. Y ésa es la parte positiva del haberse sentido sola (y haberlo estado) en muchas experiencias vitales. Que has adquirido unas habilidades que de otra manera no hubieras adquirido. Y, aunque no recomiendo esas experiencias a nadie, a día de hoy sí que puedo agradecer y valorar y quedarme con la parte positiva de ellas. Porque es la que HOY me hace SER libre de Verdad porque sé sostenerme a mí misma. Porque si no hay nadie, no pasa nada. Porque sé regularme sola. Porque me tengo a mí. Y porque puedo mostrarme vulnerable, insegura, expresar mis miedos, mis sombras, sin culpa. Sin creer que soy menos por ello. Sin creer que no estoy a la altura.
Puedo SER VERDAD. Tanto en mis alegrías como en mis tristezas. Y eso es Coherencia. Eso es Habitarse. Eso es madurez. Eso es ser adulto. Eso es Amor Incondicional. Eso es autenticidad. Eso es Libertad. No lo que nos cuentan…
Sí tú no puedes Ver tu Verdad y mostrarla al Mundo (porque te juzgas, te invalidas, te escondes…), olvídate de la Paz, de los vínculos profundos, del amor real y de la intimidad que tanto anhelas y buscas en técnicas, métodos, herramientas, espiritualidad y estados alterados de consciencia.
Si te avergüenzas de mostrarte, de ser como eres, de sentir lo que sientes, ¿cómo vas a ser libre para decidir con coherencia y lo que te hace estar bien y ser feliz? Elegirás para EVITAR, para sobrevivir, no para Amar, para Vivir y para Disfrutar.
Vuelvo a repetir y a RECORDAR:
No es Perfección lo que necesitas, es VERDAD. Y es A TI.


