Después de cocinarme tan lento,
me diste para comer prisas.
Pero yo quería saborearte.
Quería masticarte.
Quería catarte.
Y sólo pude atragantarte.
Y sólo pude vomitarte.
Me enseñaste a dejar de correr tras el tiempo.
A que el suelo dejara sus huellas en mis pies.
A disfrutar de las orillas.
En lugar de zambullirme los límites de tu piel.
Me diste prisas
para lo que pedía calma.
Me diste urgencia
para lo que (recl)amaba pausa.
Y sólo pudimos echarnos a nuestros Corazones un vistazo.
Y sólo pudimos entregarnos (a) unas migajas de (a)Dios.
Convertiste mis llamas en brisa.
Para después quererme volcán en erupción.

NO PUEDES ILUMINAR TUS SOMBRAS SIN SENTIRLAS
La Vida es un constante aprendizaje. Más bien REaprendizaje. Un «volver a casa» donde Casa es sentirnos en paz con

