La piel (se) muda,
pero no es muda.
Habla cuando arde.
Habla cuando tiembla.
Habla cuando se estremece.
Habla en la cercanía.
Y también en la lejanía.
De aquellas pieles
que nos (del)atan.
De las que somos
absolutamente sumisas.
Ante las que vomitamos
nuestra dignidad,
nuestro orgullo
y nuestra autoestima.
No entiende de cobardías,
aunque se disfrace de gallina.
Grita
lo que nuestra boca
calla.
Lo que a nuestra vergüenza
(in)timida.
Lo que para nuestros ojos
es pecado.
Y para nuestro Corazón,
un secreto a voces tragado.
La piel no es muda.
Nuestras palabras pueden mentir.
Pero Ella,
nunca.

NO PUEDES ILUMINAR TUS SOMBRAS SIN SENTIRLAS
La Vida es un constante aprendizaje. Más bien REaprendizaje. Un «volver a casa» donde Casa es sentirnos en paz con

