Durante muchos años, estuve buscando una perfección espiritual que negaba las imperfecciones humanas. Quise convertirme no sólo en una Santa sino también en una Iluminada de ésas que siempre actúan correcto, piensan correcto y sienten correcto. Lo intenté todo. Porque yo siempre lo intento todo hasta que no hay nada más que intentar.
Hasta que me di cuenta de que esa IDEA que tenía de perfección, de iluminación, era como una zanahoria que jamás puedes alcanzar. Y no porque no estés capacitada para ello, sino porque en realidad la zanahoria no existe.
Esa toma de consciencia fue mi verdadero DESPERTAR. Mi verdadera Iluminación. Me rendí ante TODO lo que era. Me gustara o no. Me incomodara o no. Fuese luz u oscuridad. Defecto o virtud. Y fue entonces cuando la búsqueda cesó. Y ese peso que cargaba sobre mis espaldas de perfección se cayó.
Ahora me permito ser como soy. Ahora me permito no poder con todo. Me permito cabrearme sin creerme menos divina por ello. Me permito divagar, fantasear, imaginar y que mi mente sea un caos de pensamientos. Me permito sentirme rechazada. Y herida.
Me permito ¡sentirme humana! Y no sabes la LIBERTAD que hay ahí. En estar en Paz contigo misma. Con TODO lo que eres en cada instante. Aunque estés tremendamente jodida. Aunque seas lo más lejano a una Santa. Y a una Iluminada.
La Paz no tiene nada que ver con tener una mente sin pensamientos o con pensamientos positivos. Ni con no sentir ciertas emociones. Ni con mantenerse siempre serena y tranquila. La Paz Real es el Espacio en el que TODO eso que rechazas y quieres eliminar es acogido, incluido, abrazado, aceptado y amado…


