LA LIBERTAD TIENE UN PRECIO

Nos guste o no, el que quiere Ser libre tiene que pagar un precio. Cada vez que eliges estás diciendo que No a lo que no eliges. Y, a veces, no todo es blanco o negro. A veces, queremos dos cosas, pero una de ellas nos pone una condición que va en contra de nuestros principios.

Todo el mundo quiere ser libre, pero casi nadie está dispuesto a pagar su precio. A quedarse sin una pareja, sin una amistad, sin un trabajo, sin una afición, sin un país que te (es)fuerzan a actuar como tú no actúas. A comportarte como tú no sientes. A hablar una lengua que no te nace. A vestirte con una ropa que te asfixia. A rezarle a un Dios en el que no crees. A casarte con quien no amas. A comer lo que no te gusta. O a tener unos hábitos que no te sientan bien. Y no hace falta que reine una dictadura donde vives. La mayoría de las dictaduras son internas, no externas. Habitan en nuestras propias creencias.

¿A qué estás dispuesta a renunciar por tu Libertad? Por tu Libertad de expresarte (en todos los sentidos y ámbitos de la vida) como es natural en ti.

A veces, las ideologías de unos chocan con las libertades de otros (e incluso, de ellos mismos). Y ahí surge el conflicto. ¿Qué elijo? ¿Escondo debajo de la alfombra «lo que soy» para poder quedarme, para encajar, para pertenecer, o me voy?

Es todo un dilema. Porque no todas las decisiones son fáciles de tomar. Porque lo que se pierde cuando eliges tu «libertad de Ser» es mucho. Quizás, un vínculo muy profundo que te aporta muchas cosas (que no son cosas) con algo o alguien. Quizás, el sustento económico que te permitía «vivir bien».

¿Qué es más importante para ti? ¿Cuál es tu prioridad? Ésta es la pregunta a realizarte en esos momentos. Y no hay una respuesta correcta o incorrecta. Mejor o peor. Cuando decides libremente, lo que decides está bien. Eso sí, no puedes quedarte o irte con la queja por bandera, con el victimismo ni con la no aceptación de tu precio a pagar por ello. Porque entonces pasarás a sufrir tu decisión. Y los que te rodean, también.

Si te quedas, quédate con todo. Si te vas, vete con todo. A medias, no se puede.

Personalmente, si en un lugar, en un grupo, con una persona no me siento libre de ser, pensar, sentir, hablar como soy, no puedo quedarme. Me ahogo. Me encadeno. Me aprisiono. Por mucho que me duela. Por mucho que me rompa el corazón el tener que irme.

Es necesario Comprender que no todos tenemos los mismos valores, ideologías, creencias. Ni tenemos por qué tenerlas. Respetar no significa que seamos todos idénticos. Que pensemos igual. Que nuestro mensaje sea el mismo. Puedo no estar de acuerdo con el otro, pero respetar su libertad de expresión, de creencia. Igual que no me gusta que me juzguen, que me presionen, que me obliguen a hacer «lo que sea» tampoco lo hago yo con los demás.

Y esto sucede habitualmente. Personas que dicen amar la libertad, pero que ponen mordazas a la libertad de los demás. Y eso no es amar la Libertad. Es amar tus ideologías solo. Cuando de verdad tienes el valor de la Libertad muy arraigado en tu piel, no se te ocurre decirle a los demás lo que deben o no deben hacer. Aunque tus creencias sean otras. Porque la Libertad en su máxima expresión, para ti, está muy por encima que cualquier ideología en la que hayas sido condicionada.

Y eso no significa que expreses libremente tu opinión, tu desacuerdo. Pero no se lo impones a nadie. Si no te gusta donde estás o con quien estás, simplemente te vas. No te esfuerzas, no pierdes el tiempo en convencer al otro para que se pase a tu bando porque RESPETAS su libertad de pensamiento (aunque no esté en consonancia con el tuyo).

Es necesario ser humildes para respetar las libertades ajenas. En el momento en el que me creo que mi creencia es superior a la de los demás, ya he perdido porque me he vuelto ignorante. Ignorante por no entender que toda creencia es heredada, cultural, familiar, condicionada. Y que, si hubiésemos caminado con los zapatos de una persona que tiene ideologías opuestas a las nuestras, creeríamos igual que ella.

Y también es necesario ser muy valientes para respetar las libertades propias. Porque nos quedamos donde no somos respetados (en mayor o menor medida). Y en lugar de asumir nuestra responsabilidad en la decisión de quedarnos, le echamos la culpa al otro, al mundo, al sistema, a «quién sea».

Somos nosotros mismos los que nos abandonamos, los que nos autoengañamos, los que no nos respetamos, los que nos cortamos las Alas cuando nuestro Corazón nos está gritando que Volemos… No los demás.

Nadie dijo que ser libre fuera fácil. Pero más difícil es no SER(lo).

Tú eliges.

PARA COMPARTIR:

Facebook
X
Threads
WhatsApp
Telegram
LinkedIn
Email
Print

Últimas Entradas del Blog

ESTANDO ROTAS

Querernos incluso así.Estando perdidas.Desquiciadas.Despeinadas.Locas.Rotas.Viendo cómo el tiempoconsume lo que es transitorio.Escuchando cómo la música de la Vidanunca puede apagarseaunque nos

Leer más »

ARÁÑAME EL ALMA

Deja de huir del destino.Y ¡aráñame el Alma!Y muérdeme la rabia.Y desgárrame las entrañas. Déjame entraren esos miedosque te llevan

Leer más »