LA FELICIDAD NO SE PUEDE COMPRAR

Hace un par de días, un señor de 90 años que no conocía y que estaba sentado a mi lado en un banco de mi barrio me regaló una moneda de 1 céntimo que estaba dentro de un aro de goma. La había encontrado y le había resultado muy curioso. A mí también. Hablamos de la suerte. Me comentaba que la suerte es estar tranquilo. Tener el dinero suficiente para cubrir las necesidades básicas. Y ya está. Me decía que no entendía cómo la gente que tiene tanto dinero quiere siempre más y más. Que eso es avaricia. Yo le respondí: se creen que la felicidad y la paz se pueden comprar…

Hace ya tiempo que descubrí el valor de lo sencillo. De lo gratuito. De una conversación con un desconocido. De un paseo tranquilo por el mar. De danzar con otros cuerpos. De los silencios compartidos con mi padre (de 93 años) que SABE estar en silencio. Que no necesita palabras para cubrir huecos.

Ahora disfruto de ese no hacer nada donde suceden tantas cosas. Disfruto de la Soledad sin que ésta sea una escapatoria de la Vida. Y disfruto de la compañía de otras personas sin usarlas para huir de la Soledad. De lo que me muestra cuando “dejo de hacer” para no escucharme a mí…

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