¿Dónde están esos años prohibidos que dicen que no puedo amarte como te amo?
¿Dónde se halla la distancia entre nuestras arrugas cuando mi piel se vuelve muda… ante la belleza de tu ternura?
La edad de la decencia
se descuelga del tiempo
cada vez que mis labios se mueren
por saborear tus secretos.
Esos que escondes
entre las voces de nuestro Silencio.
Esos que miran más allá
de lo que es moralmente correcto.
¿Qué hago con las mil y una razones
que intentan meter en el cajón del olvido a los latidos que lo único que desean es Danzar contigo?
¿Qué hago con los imposibles que no hacen posible que el no tenerte sea un suplicio?
La edad de la decencia
se queda sin argumentos
cuando me quedo desnuda
cada vez que te Veo.
Y me enciendo.
Y me arden las ganas
de enredarme en tus jadeos.
Y acabar afónicas.
Por habernos gritado
y mojado
y sudado
y agotado
todo nuestro miedo.
A que dos corazones
puedan joderse…
agrietarse
y romperse
porque les hayan crecido flores
de primaveras tan diferentes.
¿Cómo voy a decirte que NO
cuando todo mi cuerpo
está arrodillándose…
para que te cueles Dentro?
¿Cómo voy a vaciarme de ti
si has llenado con tu aroma
cada aliento de mi alcoba?
No soy yo.
No eres tú.
Es La edad de la decencia
la que pierde la decencia
cuando le arranca las Alas
a la Libertad del Amor.


