Siempre he creído que perfección y libertad iban de la mano. Pero claro, todo depende de la IDEA que tengas de Perfección y la idea que tengas de Libertad. Las mías eran muy inocentemente infantiles (por muy adulta que fuera yo). Creer que podía no volver a sentir miedo nunca más ni ansiedad ni estrés ni ira ni rabia ni rechazo ni soledad ni inseguridad ni vulnerabilidad… me convertía en un blanco muy fácil para vivir siempre en la esperanza de un MAÑANA mejor y para tener una meta que alcanzar (que nunca se puede alcanzar) que me llevara a ESCAPAR de mi realidad. De mi Humanidad.
Esta Semana Santa un huracán ha pasado por mi interior y se ha llevado todas esas ideas (y todas las que colgaban de ellas). Una Luz (llamada Consciencia) ha iluminado todas las sombras (no sé si todas, pero sí parece que todas) que habitaban en mí. Y he podido VER con CLARIDAD, como si de una película a cámara muy rápido se tratase, la raíz de todas ellas. Y cómo se manifestaban en mi sistema nervioso y en mi día a día (proyectadas).
Me ha sorprendido SENTIR en el cuerpo todo lo que mi mente ya sabía, conocía y comprendía desde hace muchos años. Y de lo que llevo tanto tiempo escribiendo y compartiendo a través de mis libros y reflexiones. He podido comprobar que una cosa es la «consciencia de», el conocimiento mental (que es muy importante) y otra muy distinta es la integración por parte del cuerpo, del sistema nervioso, de todo ello.
Libertad NO es elegir lo que consideras perfecto o lo que la sociedad dicta que es perfecto o la espiritualidad o lo que es más sano para ti. Libertad es ELEGIR con Consciencia. Es decir, siendo consciente de lo que eliges y de sus consecuencias. Lo que significa que te responsabilizas de ellas, aunque no sean lo más beneficiosas (aparentemente) para ti.
Esta Semana Santa se ha llevado consigo esa necesidad de ser, sentir, pensar, actuar, decidir «perfecto» y me ha regalado Humanidad. Se ha llevado la carga tan pesada con la que caminamos aquellos que CREEMOS (consciente o inconscientemente) que necesitamos ser perfectos para ser dignos de ser amados (por nosotros mismos y/o por los demás). Y todo ese soltar que ha sucedido de manera espontánea sin que «yo» hiciera nada, ha hecho emerger de manera simultánea otra identidad más real. Más Esencial. Más auténtica. Más conectada con el cuerpo, con las emociones, con la sensibilidad, con la vulnerabilidad y con todo lo que me rodea (para bien y para mal). Me hecho ESTAR. Me ha hecho SER HABITADA por «mí».
Me siento LIBRE. ¡Me siento Libre! Y no por haber alcanzado ninguna iluminación ni ninguna mejor versión, sino porque ya NO LAS NECESITO. Ya no tengo necesidad de demostrar nada a nadie. Me siento más Humana que nunca. Con todas sus luces y sus sombras. Me siento más UNIDA que nunca. Porque cuando pretendes alcanzar esa «mejor versión» (que tanto asfixia) lo que sientes no es Unión contigo sino fragmentación. Separación.
Y ahí está el Advaita REAL. Ahí está la No-dualidad REAL. La que está fundida en su Humanidad, en sus virtudes, en sus defectos. La que no rechaza NADA de ella (ego, heridas, patrones, roles, traumas… incluidos). La que no INTENTA por todos los medios, técnicas, métodos, herramientas y sustancias extirpársela.
¿Sabes por qué queremos Iluminarnos? Porque (por ignorancia) le echamos la culpa a nuestra humanidad, a las emociones, al Sentir, a la vulnerabilidad, a la sensibilidad, al miedo, a la inseguridad… de nuestro sufrimiento. ¡Y es una creencia errónea! Cuando te SIENTES libre para sentir cualquier emoción (por muy intensa que sea), cuando te SIENTES libre para equivocarte, no actuar siempre «consciente», no estar siempre para todo el mundo, no comer siempre saludable, no hacer siempre lo «correcto»… porque AHORA sabes, sientes que forma parte de la experiencia humana y de tu humanidad, y que la idea de perfección (da igual en qué área se manifieste: cuerpo, mente, trabajo, pareja, emoción, espiritualidad, familia, amistades…) es ilusoria e irreal…, entonces ya no necesitas alcanzar nada porque YA lo has alcanzado. Sólo que se trataba de otra cosa. Se trataba de Liberarse de la Idea de Iluminación (Perfección), no de Iluminarse (o mejor versionarse).
El cuerpo va a otro ritmo distinto al de la mente. El Sistema Nervioso que está en modo supervivencia (casi todo el mundo lo tiene así, aunque no sé dé cuenta porque está acostumbrado a ello) se relaja cuando SIENTE que ya no necesita estar alerta porque ha tenido las suficientes experiencias de «no peligro» como para CONFIAR. Y no podemos elegir cuándo será eso porque no depende de nosotros. Sucede cuando sucede. Sin más. (Como todo, en realidad).
Todo esto me ha llevado a escribir un libro titulado «HABITARME» donde hablo de mi historia personal y del proceso que he experimentado para pasar de Sobrevivir a Vivir. Lo tenéis ya a la venta en Amazon en formato ebook. El enlace directo de comprar es https://www.amazon.es/dp/B0FLKNSM9Z
RECUERDA:
La Felicidad, la Plenitud, la Paz no es vivir, sentir, pensar, elegir, actuar y ser perfecto, sino LIBRE. Y esa Libertad la da la Consciencia, no la Perfección.


