Me voy.
De la Expansión que levita en el espacio.
Espacio que se queda sin espacio
para un volcán
que abraza su erupción.
En cuanto me quedo,
me voy.
Me voy a por Caminos desiertos
que me expandan…
por Dentro.
Dejando atrás la inmovilidad
de lo YA tocado.
De manera caótica.
Y demasiado veloz.
Mi Centro
no tiene centro.
Siempre se está buscando.
Siempre se está (des)centrando.
Como el que intenta esquivar a la Muerte.
Como el que no quiere ser encontrado.
Me voy.
Para volver.
Una y otra vez.
A ese Lugar
que te deja desnuda de referencias.
Donde la inestabilidad
es lo estable.
Donde el movimiento
está en constante (des)equilibrio.
Donde no puedes perder el Norte
porque lo llevas tatuado
en la punta de la Piel.
(Ad)mirando el horizonte.
Cada vez que me Expando,
me voy.
Porque cada vez que acaricio el Cielo
(o cada vez que el Cielo me acaricia a mí),
me mareo de tanta Belleza
y me quedo…
sin respiración.
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