ESTO TAMBIÉN PASARÁ

A veces, la Vida nos desnuda y nos revuelca por el fango para que podamos sentir todo lo que hemos ocultado bajo nuestro ropaje. Sin darnos cuenta, nos vamos acostumbrando a lo que nos desafina, a lo que nos encierra, a lo que apaga la mirada. Y las llamas. Y la alegría. Hasta que normalizamos su (d)olor. Hasta que nos acomodamos en el regazo de su hedor.

A veces, la Vida nos zambulle en nuestro Mar con fondo, con mucho fondo, para que saquemos a la superficie, a la luz, a la verdad, a la realidad, la suciedad que hemos ido acumulando en nuestro diván. Que nos ahoga cada día un poquito más. Que no nos permite respirar en libertad.

A veces, la Vida se disfraza de caos para que (nos) pongamos orden. Para que le digamos adiós a lo que ya no es bienvenida. Para que nos vaciemos del vacío que nos hierve dentro. Para que lo llenemos de ilusión, de pasión, de sonrisas, de «casa», de «ésta soy yo».

Y mientras la Vida arrasa con lo que ya no sabe a vida, es necesario que anclemos los pies a la Tierra. Para que no se escapen de ella. Para que puedan surfear las olas, en lugar de dejarse surfear por ellas. Olas de miedo, de incertidumbre, de vulnerabilidad, de tristeza, de rabia, de inseguridad que nos golpean los muros que hemos alzado a nuestra sensibilidad. A nuestra humanidad. Para que se vengan abajo. Para que podamos Conectar. Con lo que nos hace vibrar. Con nosotros mismos. Con los demás.

Y mientras el mientras se nos hace pegajoso y eterno, podemos recordar (si lo recordamos) que «esto también pasará». Que nada dura para siempre, excepto la Existencia. Que tú no puedes saber lo que la Vida quiere de ti, pero que Ella, que es la se vive a través de ti, sí que lo sabe. Recordar (si lo recuerdas) que no puedes hacer o dejar de hacer nada que la Vida no quiere que hagas o dejes de hacer. Que el Ser Humano sólo es un instrumento más que usa la Vida para experimentar(se), no al revés. Recordar que no podemos equivocarnos. Que todo lo que (nos) sucede es lo que tiene que suceder para que lo va a suceder pueda suceder. Que como granitos de arena que somos cada uno de nosotros, no podemos conocer la Totalidad del Desierto. Recordar que todo está bien, aunque sintamos que está mal.

A veces, la Vida nos recuerda con experiencias dolorosas que la que manda es Ella. Que no tenemos el control sobre nada. Que nuestras decisiones ya están tomadas. Que nuestro destino ya se escribió. Que a veces coincide con nuestros deseos. Y que la mayoría de las otras veces, no.

Recordar que nosotros no tenemos la capacidad para Ver la Película Completa. Y que lo que Ahora puede ser interpretado como algo incorrecto, algo erróneo, una desgracia o un tropezón, tan sólo es la ignorancia de la ausencia de la Totalidad de la información.

Lo único que podemos hacer es lo que hacemos tal y como lo hacemos. Sentir tal y como (nos) sentimos. Y confiar (si es que confiamos) en que todo tiene un Sentido, aunque en este momento el Sentido nos esté arrebatando el suelo por el que hasta ahora (nos) sentimos.

Esto también pasará. Y lo que tenga que ser, será sin que puedas hacer nada por evitarlo.

Descansa en esa Paz de saber que todas las decisiones que has tomado, tomas y tomarás SIEMPRE son las acertadas. Porque es la Vida la que he hecho que las elijas. Porque es la Vida la que te lleva a donde ahora Eres y Estás.

¿Para qué? Sólo Ella lo sabe. Nada ni nadie más.

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