EL PECADO DE NO HABER PECADO

He cometido un pecado:
nunca he pecado.

Quise llegar al Cielo
demasiado pronto.
Quise tocar a Dios
sin haber tocado lo Humano.

Y ahora
que ya tengo un pie por delante
y el otro, a punto de claudicar
me doy cuenta
(demasiado tarde)
que no son las Alas
lo que te eleva
sino el Caminar por la Tierra.
Sin tientas
(y sintientes),
sin pinzas
y sin Biblias
que te lean
la cartilla.

Y que no es a Dios
a quien en realidad buscamos
sino al Corazón,
al Calor
y al Amor
de otro
SER humano.

¡Peca, peca, peca!
Sucumbe a la tentación.
Y cómete
todas las manzanas
que puedas.
Mastícalas.
Saboréalas,
Engúlletelas.
Gózalas.
(Dis)frútalas
No te dejes ni un bocado
a medias.
Ni (res)guardado
en la trastienda.

¡Corre, corre, corre!
Antes de que el tiempo
se quede sin tiempo.
Y antes de que descubras
(demasiado tarde)
que la Gloria
no te la da la Muerte
sino la Vida
que tanto declinas.

Y a la que tanto
le tapas la entrepierna,
la boca
y la piel.
Y a la que tanto
le giras
constantemente
la mejilla.


Tú,
que aún puedes,
no seas
un ignorante pecador
como yo.
Y
¡peca, peca, peca!
Hasta que el Cuerpo
te regale
la Salvación.

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