Ayer me enteré de que, si mueves un piano, éste puede desafinarse. Quizás, el Ser Humano es un poco piano. Por eso, le cuesta tanto moverse. Porque le tiene miedo al cambio. Interno y/o externo. Porque “más vale malo conocido”. Porque ¿y si fracaso? Porque ¿y si meto la pata?
Como si fracasar, como si equivocarte, como si no hacerlo perfecto, como si no gustar… fuese pecado. Fuese algo evitar. Cuando es ¡todo lo contrario!
Se trata de eso. De probar. De intentar. De experimentar. De aprender. De atreverte. De jugar. De disfrutar del camino. De descubrir que el Camino es el Destino.
Si nosotros no nos juzgáramos tanto, nos importaría muy poco la opinión (juicio) de los demás. No llegaría a tocarnos porque no habría nada con lo que chocar. Y (re)accionar.
Con el tiempo, esos juicios que TODOS albergamos en nuestra piel se van suavizando. Y dejas de darles importancia porque SABES que no hablan de ti. Que tan sólo son frases que se te han grabado a lo largo de la vida y que se repiten de vez en cuando. Que provienen de la ignorancia, del miedo de tus antepasados. Y que están muy alejadas del Amor, que es lo verdaderamente importante…


