DIOS NO EXISTE

Los Seres Humanos, ante nuestra sensación de vacío, de soledad, de inseguridad, de vulnerabilidad, de desconexión con la Vida, nos hemos ido inventando a lo largo de la historia, la existencia de un Dios (o llámalo como quieras) al que pedir, rezar, implorar, CREER, para poder sentirnos mejor. Para que cuando las cosas no van como creemos que deberían ir, para que cuando las emociones incómodas que no nos han enseñado a sostener tocan a nuestra puerta, para que cuando tenemos experiencias dolorosas…, cedamos toda nuestra responsabilidad (es decir, todo nuestro PODER) Fuera. Para que sea otro (papá, mamá, el jefe, el sistema, el Maestro, el Gurú, el terapeuta, el médico) el que tome las decisiones. El que nos diga hacia dónde dirigirnos. El que nos marque el camino a seguir.

Lo siento, pero DIOS no existe. Por mucho que a veces necesitemos creer en que hay algo más, en que algo/alguien nos protege, en que si hacemos o dejamos de hacer algo que está en nuestras manos, algo o alguien que no somos nosotros nos premiará con el Cielo, el Paraíso, el Dharma, un nivel superior de Consciencia o la Iluminación.

Ese concepto de Dios, de un SER que mueve los hilos de la Vida, de nuestro destino, es infantil. Es inmaduro. Y sí, también es humano. Porque, en ocasiones, resulta muy complicado (lo sé por experiencia) no agarrarse a algo para seguir respirando.

Pero esa desesperación no hace de una mentira, una verdad. No hace que lo que me gustaría sea Real.

Cuando rezas, oras, pides, clamas, suplicas, te arrodillas «frente a», lo estás haciendo para ti y ante ti. Es un medio para sentirte mejor. Para que eso que hemos llamado Esperanza (esperar con confianza) tenga algún sentido. Pero no es más que un efecto placebo. Lo que te ayuda es esa Fe, no aquello a lo que tienes Fe. Porque la CREENCIA es muy poderosa. Te cambia la energía interna. De ahí el efecto placebo, que funciona tanto para el placer como para el dolor.

La pastilla de azúcar (Dios) no te sana o empeora. Lo hace TU CREENCIA, tu Fe, de que puede hacerlo.

La Vida es Dios. La parte de la vida que quieres eliminar de la Vida rezándole a Dios es ese mismo Dios al que le rezas.

ESTO, tanto la belleza como la fealdad, tanto la luz como la oscuridad, es DIOS.

Nos han hecho creer, desde todas las religiones existentes que, si «nos portamos bien», si seguimos los mandamientos, los rituales, las enseñanzas, las meditaciones, las prácticas, con disciplina, esfuerzo y sufrimiento, ganaremos un premio al final del Camino. Lo que significa que si «nos portamos mal» lo que ganaremos será un castigo.

¿No te suena a chantaje, a manipulación? ¿No te suena a la manera en la que hemos sido educamos y seguimos educando a nuestros hijos?

Si nos parásemos un momento a CUESTIONAR todas esas creencias religiosas, espirituales, educacionales, históricas, culturales, nos daríamos cuenta de lo absurdas que son. De que nos comportamos como si fuésemos un rebaño de ovejas al que un simple pastor (que es una oveja igual que nosotros) puede manipular a sus anchas.

No estoy juzgando las CREENCIAS ni a los que creen en ellas, sólo pongo sobre la mesa la cuestión. Sólo hablo desde la experiencia personal. Desde cuando yo también NECESITABA rezarle a algo, creer en algo más, para evadirme, anestesiarme, huir, de lo que estaba sintiendo.

Respeto la «libertad» de cada uno de creer en lo que quiera (pueda…). Jamás le diría a nadie que su creencia es una tontería. Comprendo de dónde surge. Comprendo la necesidad de sobrevivir a ciertas experiencias de esa manera. Comprendo que el Vacío, el no saber, la incertidumbre, la impotencia, el no ver la luz al final (ni al principio) del túnel, puede ser desgarrador, aterrador. Comprendo que el sufrimiento nos hace creer en un momento dado en lo que en otro momento jamás creeríamos. Yo he pasado por eso. Pero cuando VES que esa CREENCIA (o cualquier otra similar) no es más que un medio para escapar de lo que sientes, no puedes seguir creyendo en lo que crees porque es creer en una mentira. En una falsedad. Y cuando eres consciente de ello, deja de tener sentido. Cuando se cae un velo, ya no puede volverse a colocar.

Dios, una estampita de la Virgen de «lo que sea», un colgante de un mineral, los ángeles y arcángeles, los Maestros Ascendidos, la figura de Buda, la fotografía de un ser querido y muy amado, un trébol de cuatro hojas, la piedra de la suerte, un ritual protector, una meditación sobre la abundancia, una camiseta, una pulsera, no son más que objetos en los que ponemos todo nuestro poder, responsabilidad y seguridad. Pero ninguno de ellos tiene el poder que cedemos. Porque ese Poder es nuestro. Está en nosotros. ES nosotros. ES lo que buscamos, lo que anhelamos. Es lo que CREEMOS que está en ese Dios, en esa persona, en esa energía, en ese método, en esa técnica, en esa herramienta, en esa Maestra, en ese Gurú, en ese Iluminado, en esa terapeuta.

Lo fácil es que otra cosa/persona/objeto/ser nos solucione los problemas, nos llene el vacío, nos ofrezca compañía, nos eleve la autoestima o nos bañe de luz y de seguridad interna. Es fácil porque eso nos arrebata la necesidad actuar. De tener que hacerlo nosotros con nosotros mismos. De tener que solucionar nosotros los conflictos vitales con nosotros mismos y con los demás. De encontrar la Luz, la Verdad, el Amor, que hay en nosotros. Que es lo que Somos. De afrontar la Oscuridad, la mentira, la ignorancia, que nos ciega y nos mantiene prisioneros de nuestras creencias.

Lo fácil es llamar a alguien (Dios, papá, mamá, la pareja, un amigo, el jefe, la autoridad) para que nos arregle lo que ni siquiera intentamos aprender a arreglar con nuestras manos. Porque no CONFIAMOS en nosotros. Porque no nos amamos. Porque nos da pereza. O miedo. Porque CREEMOS que no podemos. Que somos tontos. Que no servimos. Que no valemos.

Y así es como nos convertimos en Seres Humanos totalmente DEPENDIENTES de un Dios que nos salve, de un Maestro que nos guíe, de un Papá/marido/pareja que nos proteja y de una Madre que nos cuide.

Y así es como permitimos que nuestro Poder personal se venga abajo y nos sea arrebatado.

Y así es como nos sentimos indefensos, inseguros, carentes, vacíos y solos.

Porque en lugar de CREER en nosotros, CREEMOS en otro/otros.

Pero nada ni nadie puede Llenarnos, premiarnos, castigarnos, sanarnos, salvarnos, completarnos. Porque sólo nosotros tenemos el Poder para empoderarnos. Y ese Poder se llama Amor. Amor por todas y cada una de tus partes. Amor cuando estás arriba y cuando estás abajo. Amor cuando ríes y cuando lloras. Cuando aciertas y te equivocas. Amor cuando te dicen SÍ y cuando te dicen NO. Amor hacia tus manías, tus rarezas, tus defectos, tus imperfecciones y hacia tus virtudes y tus dones. Amor. Amor. Amor. Sin mandamientos, sin reglas, sin normas, sin plegarias, sin oraciones, sin peros, sin condiciones.

Porque el AMOR o es Incondicional o no es. El Amor no obliga, no exige rituales, ayunos, vestimentas, hábitos, deberías, tendrías, para Amar. Eso lo hace otra cosa llamada Ego. Eso es «dame tu poder para convertirte en un esclavo y hacer contigo lo que quiera».

DIOS no existe, pero la Vida sí. Con toda su dualidad. Con todos sus opuestos. Siendo todos ellos la UNIDAD a la que tanto anhelamos Regresar. La que no podemos alcanzar porque nunca la abandonamos. Porque es lo que Somos. Porque es donde YA estamos.

La Vida. Tan mágica. Tan misteriosa. Tan emocionante. Tan intensa. Tan espontánea. Tan pasional. Tan llena de ausencia de razones.

La Vida. Eso que pasa mientras estamos buscándola en el pasado o en el futuro. Eso que sucede mientras estamos rezando para que sea mejorada. Eso que sentimos y que maldecimos. Eso que cuando estamos muertos tanto echamos de menos…

La Vida SÍ existe. Y está Aquí. Y Ahora. Por todas partes. En todos los lugares, objetos, seres y personas. En todas las pieles. En todos los colores. En todos los pensamientos. En todas las emociones. En todos los placeres. En todos los dolores. En todas las luces. En todas las oscuridades. En todas las saludes. En todas las enfermedades. En todo lo cómodo. En todo lo incómodo. En la guerra. En la paz. En los sueños. En la realidad. Y sí. También en esas Creencias, en esos Dioses, en los que pones toda tu esperanza, tu tiempo, tu energía, tu atención, tu Fe, tu Poder y tu amor.

Porque no hay nada ni nadie que esté fuera de lugar. Fuera de la Vida. De la Existencia. No hay nada ni nadie que sea excluido ni Separado de Ella.

Es una Mirada que está Más allá del más allá. Una Mirada que trasciende lo catalogado como intrascendente. Una Mirada Absoluta. Total. Donde la dualidad y la no-dualidad son UNO. Donde lo manifestado y lo no-manifestado son UNO. Donde el Cielo y la Tierra son UNO. Donde lo femenino y lo masculino son UNO. Donde el Silencio y el ruido son UNO. Donde la luz y la oscuridad son UNO. Donde Dios y el Ser Humano son UNO. Donde el uno y el dos son UNO. Donde no existe la Separación, aunque exista su percepción.

Y YA está Aquí. Y YA es Ahora. Y YA es en ti. Porque es lo que eres. Te acuerdes de ello o no.

Pero no lo Ves porque lo estás buscando en un Dios que no es real. Porque estás buscando el Cielo, el Paraíso en el cielo, en el más allá; cuando el Cielo, el Paraíso es la Tierra que pisas. Es el más acá.

DIOS no existe. Existe la CREENCIA en Dios. Que no es lo mismo…

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