CUANDO TODO SE DERRUMBA

La Vida no siempre es lo que nos gustaría. La incomodidad, lo desagradable, el dolor, la incertidumbre, la inseguridad, la vulnerabilidad, el miedo forman parte de ella. Y es necesario tenerlo muy claro. Porque si fantaseamos con «la vida perfecta», con «el ser perfecto», sufriremos. Y lo haremos porque cuando la vida no suceda como nosotros creemos que debe suceder entraremos en modo lucha, rechazo, juicio y resistencia. Lo cual impedirá que podamos estar en paz en medio del caos. Y añadirá más dolor al dolor innato de la situación.

Cuando todo se derrumba, no lo hace por azar. Por casualidad. Por capricho. Hay formas que son necesarias trasformar. Hay creencias, identidades que están gritando que las dejemos volar. Hay relaciones que no dan para más. Hábitos que debemos dejar atrás. Y muchos «darnos cuenta», aprendizajes y comprensiones que realizar.

Sentiremos muchas emociones. De todo tipo. Que nos aprietan el corazón para que saquemos de él lo que nos está impidiendo ser libres. Para Ser lo que somos y no lo que deberíamos ser. Lo que ya no nos sirve. Creeremos que no podemos (pero sí podemos). Nos derrumbaremos (de eso se trata). Nos oscureceremos (de eso se trata). Y entraremos en un proceso de duelo, de pérdida de un pasado que nos era muy familiar, pero que ahora huele muy poco a «hogar».

Necesitamos ser humildes. Abrazar nuestra ignorancia humana. Nuestros límites. Quitarnos de en medio para permitir que la Vida se lleve consigo lo que ya NO ES. Para que haga su trabajo. Atrevernos a decir que NO, aunque duela. Atrevernos a decir que SÍ, aunque nos tiemble la piel.

En nuestra mano sólo está ESCUCHAR(nos). Ser muy honestos con lo que nos dicta el alma. Con lo que en realidad nos hace felices, vibrar, saltar, jugar, ilusionar. Con lo que nos llena de luz, de pasión, de nuevas aventuras, de sonrisas. Y ser valientes para seguir(nos). Para decirnos un gran SÍ a nosotros mismos.

Se derrumba lo que está caducado para que lo fresco, lo nuevo pueda tener espacio para ocupar su lugar.

A veces, sentirnos vulnerables es lo más fuerte que podemos ser. Porque es en esa vulnerabilidad, en ese «no saber» donde descubrimos aquello que anhelamos, pero que hemos metido en el cajón del olvido. Por miedo, por comodidad, porque no era el momento. Momento que AHORA ha llegado y que nos está empujando a que pasemos a la acción. A que agradezcamos lo que fue. Y a que a lo que está muerto le digamos adiós.

No es un obstáculo, es una oportunidad. No fue un error, fue lo creímos mejor.

La Vida es cambio constante. Y cuanto antes comprendamos, asumamos, aceptemos que no controlamos nada, que lo que hoy es un sí, mañana puede ser un no, que el dolor y el placer, la comodidad y la incomodidad, lo agradable y lo desagradable son las dos caras de una misma moneda…, mejor transitaremos la tormenta.

Cuando todo se derrumba, la Vida no nos está castigando. Nos está regalando la oportunidad para construir un nuevo espacio (interno y/o externo) donde la felicidad (la real), la alegría y la autenticidad puedan habitar.

A veces, nos disfrazamos de lo que no somos para encajar. Para que nos amen. Para pertenecer. Pero esas máscaras acaban ahogándonos. No nos dejan respirar. Ser libres. Volar. Y es cuando la soledad, la ansiedad, el vacío hacen acto de presencia. Sin pedirnos permiso. Para que no nos quede más opción que mirarnos. Para Vernos. Para darnos cuenta de lo mucho que nos hemos abandonado. Para que digamos «hasta aquí he llegado». Y nos desprendamos de lo que nos aprieta el pecho. De lo que nos hace caminar arrastrados.

A veces, nos acostumbramos a no tener brillo en la mirada. Y se nos apaga la vida. Una Vida que está vestida de Misterio. Un Misterio que no podemos resolver, pero sí caminar por él. Sí maravillarnos ante él.

Deja que todo se derrumbe. Abre la mano, la mente y el corazón para que el Viento se lleve consigo lo que te pesa. Lo que es un NO.

Y respira, respira, respira. No estás sola. Tu vulnerabilidad es la vulnerabilidad de la humanidad. La mía. La de la Vida. Acéptala. Mímala. Cuídala. Sostenla. Ámala. Porque es la que te permite estar tan cerca de ti. De la belleza. De los latidos. Del amor. De la compasión. De la sensibilidad. De tu verdad.

Llora lo que tu memoria necesite llorar. Lo que tus heridas necesiten limpiar. Y sigue caminando. Sigue creciendo. Sigue CREANDO. Sigue bailando. Sigue cantando. Sigue jugando. Sigue despeinándote. Sigue amando. Sigue. Sigue. Sigue. Porque mientras estés viva, TODO ES POSIBLE. Y si tiene que doler, ¡que duela! ¡Que duela fuerte! Para que se te rompan los esquemas. Y las armaduras. Y las fronteras.

RECUERDA:

No estás muriendo. Estás (re)naciendo.

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