El Mundo corre a toda prisa. Como si no hubiera un mañana. Como si, de repente, la lluvia fuera a caer boca arriba. Mojándonos del revés.
En ocasiones, siento como si siempre estuviera en el mismo lugar. Como si el año pasado fuese hoy. Como si esos 365 días del «mientras» se hubiesen dado a la fuga de mi memoria.
Nada ha cambiado. Nada… menos yo. Un «yo» que cada vez me tiene más descolocada. O desalocada. Que no sé si va para alante. O para atrás. O quizás tan sólo gire sobre sí mismo en espiral.
Al otro lado de la ventana, los girasoles le cantan al sol. Y no se preguntan el por qué ni el para qué. Y no se juzgan por ser quienes son.
En ocasiones…, siento como si pudiera cortar la realidad con los dedos. Y despertara así de un largo (o no tan largo) sueño. Un instante de chasquido sería suficiente para DARME CUENTA de que la mujer a la que amo tan sólo es una fantasía más. Que mi locura por ella tan sólo es un recuerdo de una vida pasada (o futura) que me golpeó el Corazón cuando mi mirada VIÓ su Alma.
Y me pregunto:
Si la Vida es un mero Sueño, ¿dónde se esconde la Realidad? ¿En qué Tiempo está riéndose de mis telarañas…?
Al otro lado de la ventana, las nubes se ponen morenas sin ningún tipo de protección. Como si no pudieran arder de amor. Como si supieran que se trata de flotar (y no de luchar). Como si no temieran a la Muerte que les acecha constantemente. Como si ya durmieran en el Cielo… Como si ya olieran a Hogar.
Nadie nace con un nombre. Y, en cambio, lo grabamos a fuego lento (o no tan lento) sobre un papel para acordarnos de quién (no) somos. Y, a veces, nos lo cambiamos porque no nos sentimos identificados con él. Sustituimos un nombre por otro nombre. De un innacido a otro innacido. Y hacemos de la no existencia una realidad extrema.
Es curioso hasta dónde llega la inconsciencia de matarse en nombre de unas letras. Unas letras que nacieron sin cuerdas vocales. Que nacieron mudas de pasión. De nación. Y de religión.
Es curioso cómo podemos utilizarlas en el nombre de una bandera, de una raza o de Dios. Y acribillarnos la Igualdad, la Hermandad y la Unidad a golpes de sinrazón.
Sí. Es curioso que casi ningún «alguien con nombre innacido» se pare un instante a ver lo absurdo que resulta todo lo que sucede al otro lado de la ventana…


