El llamado Despertar es un DARSE CUENTA (un cambio energético, no algo intelectual) de que lo que llamas «yo» es la Vida Absoluta en forma de cuerpo-mente-personalidad. Cuando somos pequeños se produce de manera automática una identificación con el cuerpo, los pensamientos, las emociones, que hace que nos creamos que somos eso. Al nacer, no existe ese «yo personal». Lo percibimos TODO COMO UNO. No hay Separación. Pero a medida que nos van dando un nombre y nos repiten (de diferentes maneras) que somos ese cuerpo, y el resto de las personas (no existe ninguna persona, sólo cuerpos) también se lo cree, surge ese cambio energético hacia la Separación.
Es como si la ola se creyese que es algo distinto al Océano y se comportase como si tuviera voluntad propia. Como si pudiese elegir de manera independiente al Océano, al agua.
En ese momento de Separación, es cuando empieza la búsqueda de la Unidad (Hogar, Plenitud, Perfección) que somos. Y cada cuerpo-mente busca en un lugar distinto según el condicionamiento que ha recibido para ello. En el dinero, trabajo, pareja, sexo, grupos, amistades, drogas, cuerpo perfecto o iluminación.
Ese cuerpo-mente actúa de manera espontánea y automática. No hay nadie dentro de él que decida nada. El corazón late por sí mismo, la respiración se realiza por sí misma, el organismo funciona solo. De igual modo, aparecen los pensamientos y las emociones. La Fuente es la Nada, no un alguien, un ser, un Dios, un alma que está Separado del resto. ¡No hay nadie en ningún lugar!
Es la Vida, Existencia, que es Totalidad, Absoluto, que se «mueve» al unísono. No hay diferentes cuerpos-mentes que vivan una vida separada del resto. No hay millones de almas encarnadas en millones de cuerpos. No hay millones de vidas que han sido vividas y llamadas pasadas o serán futuras.
SIEMPRE sólo hay UNA. Es una única «energía» SIENDO. Creando y destruyendo. La sensación es que todo está separado, pero ésa es la Ilusión.
«Yo» ES lo mismo que «tú». Y que todo lo que existe. La tristeza, la alegría, el asco, el miedo, la ira, los celos, la envidia, el pensamiento positivo, el pensamiento negativo, el juicio, cualquier objeto, cualquier animal, cualquier organismo, las estrellas, los planetas, el agua, el fuego, los virus, las bacterias, la violencia, la serenidad… TODO es esa misma VIDA siéndose a sí misma con esos millones de formas, ninguna de ellas separadas porque TODO ES UNO.
La no-dualidad, el Advaita, es esta descripción de la Realidad. No es ninguna terapia. Las terapias lo que hacen es trabajar con el «yo personal». Con la historia mental. Con la identificación. Con las creencias (pensamientos). Con la Ilusión. Pueden producir un alivio, pero jamás el cese de esa búsqueda. Jamás ese cambio energético de la identificación con el «yo personal» al YO Absoluto que es lo que en realidad somos. Que es lo que en realidad todos anhelamos. Esa sensación de SER, de estar ya completos, ya perfectos tal y como somos.
Las creencias, las ideologías, las interpretaciones, los pensamientos, las historias mentales, los traumas, las heridas, SON ILUSIÓN. No son reales, aunque lo sientas así. Surge una emoción y tras ella una historia mental que te cuenta que tienes una herida o un trauma y se produce la identificación con eso. ¡Pero no te pasa nada! ¡No tienes ninguna tara ni nada que arreglar! Es un pensamiento sólo.
Hasta que no se vea esto, la identificación será muy fuerte. La meditación sirve para darte cuenta de que no eres esos pensamientos. Que si puedes Verlos, es que no eres eso. Ahí va perdiendo fuera ese mecanismo de identificación. Al final, puede suceder ese «clic», ese Despertar, ese cambio energético, de percepción (que tú no eliges ni produces porque no existe ningún «tú») en el que el observador y lo observado son UNO. No hay algo que observa y algo que es observado. Se percibe (se sabe) como que todo es lo mismo. NO hay Separación, aunque el cuerpo-mente siga «interpretando su papel». Pero ahora es desde otro lugar (por describirlo de alguna manera). La búsqueda cesa y sólo hay un suceder de la vida, venga como venga y en la forma que venga.
La ola se sabe Océano, aunque tenga esa forma aparente.
«Yo y la Vida» es una Ilusión. Ese «yo» no es real. No existe. Sólo existe la Vida, que lo es Todo. No hay nada que no sea la Vida (Existencia, UNO, Fuente, Absoluto, Consciencia, Dios…).
Y la Vida no tiene ninguna razón ni propósito. Sólo se «mueve» y cambia constantemente. ES como Es. Sin un lugar al que ir. Al que regresar. Sin un propósito, meta, misión y objetivo que alcanzar. Todas las razones son ilusiones. Son pensamientos que surgen. No son Realidad.
La Realidad es ESTO que está sucediendo en cada instante. Los pensamientos son reales como pensamientos, pero su contenido no lo es. Y lo que sucede es que nos creemos su contenido. Lo damos como certeza. Puede ser un contenido que nos haga sentir emociones agradables o desagradables. Da igual. Todo es ilusión porque no está sucediendo en la Realidad.
El pasado recordado es ilusión. El futuro imaginado es ilusión. Estamos poniendo toda nuestra atención en ellos, en lugar de en lo que AHORA sucede. Por eso, sufrimos. De lo que escapamos es del pasado y del futuro, porque del AHORA no se puede escapar porque ES lo que somos en cada instante. Si estás sintiendo tristeza ahora, ¡no puedes huir de ella porque YA la estás sintiendo! Pero nos creemos (pensamiento que surge) que esa emoción va a durar eternamente o que es una emoción a eliminar porque no es buena, porque no deberíamos sentirla, porque es un pecado, porque no es como «yo personal» creo que debe ser, y pasamos a rechazarla. Y ese rechazo (pensamiento de rechazo) crea la emoción de rechazo que tampoco queremos sentir. Y así entramos en un bucle que nunca acaba. Y así es cómo empezamos a hacer terapia, usar métodos, técnicas, herramientas, drogas, para dejar de sentir lo que no nos gusta sentir. Y así comienza el Camino Espiritual. Hacia la llamada Iluminación. Con un «yo personal» que es ilusorio, que no sabemos que es ilusorio, y que quiere mejorarse, sanarse e iluminarse. Pero que nunca lo logra porque ¡NO ES REAL! Porque no hay nadie ahí.
El Advaita, la No-dualidad, va más allá de lo psicológico. Más allá del pensamiento. Más allá de la mente. Más allá de la emoción. Más allá de la historia mental que te está contando que tienes que sanar, mejorar, perfeccionar, iluminar. No tiene nada que ver con eso. Eso forma parte del «sueño». De la «película». Es como si la ola va a terapia para sentirse mejor ola. El Advaita es darse cuenta de que no eres una ola (buena, mala, espiritual, no espiritual, bondadosa, honesta, mentirosa, triste, alegre, cobarde, valiente, inteligente, tonta, bonita, fea, gorda, flaca, rica, pobre, enferma, sana, vegana, carnívora, agresiva, pacífica…), sino el Océano. No se centra en perfeccionar la ola, en evolucionar la ola, en convertir a la ola en su mejor versión, en que la ola deje de tener emociones y pensamientos negativos, en hacer que la ola sea y se sienta feliz, sino en TRASCENDERLA.
No estoy diciendo que no haya que hacer terapia. La terapia, del tipo que sea, es necesaria cuando la identificación es muy intensa. Yo he hecho también. Y hay la sensación de mejora. Pero llega un momento en que ¡no es suficiente! En que ya no da para más. En que ese anhelo, esa sensación de búsqueda, de que «falta algo» sigue ahí y que ninguna terapia psicológica o no psicológica puede hacerla desaparecer. Porque ese anhelo no tiene nada que ver con lo psicológico, con el «yo personal», con las creencias, sino con la falsa percepción de QUIÉN/QUÉ SOY.
La mayoría se quedan en lo psicológico (aunque lo llamen espiritual) y se «trabajan» para mejorar ese «yo psicológico/espiritual». Y siguen buscando el Hogar, la Paz, el fin del sufrimiento, en algo externo. Siguen cuestionándose las creencias, las historias mentales, el pasado o el futuro, para hacerlo más positivo, más amigable, más mejor… Pero mientras sigas identificándote con la ola, ese anhelo, ese dolor interno, esa sensación de carencia, de que no eres suficiente, de que necesitas que te amen, esa búsqueda de la felicidad seguirá estando. Probarás mil y una cosas que crees que, si las logras, serás feliz por siempre jamás. Pero es todo mentira. Es todo una «idea de».
Porque no hay nada que alcanzar. Porque ya eres Plenitud. Ya eres Amor. Ya eres Paz. Y todo lo que piensas, sientes, es perfecto SIEMPRE. No hay ningún error en la Vida. Ya sea que estés «despierto o no». No hay nadie que despierte porque no hay ningún «yo» que pueda hacerlo. ¡Eres la Vida jugando a estar dormido y a buscar el Despertar!
Cuando estás identificado con ese «yo personal» (que no es más que un pensamiento que te crees), vas a creer que has hecho algo mal. Que ha sido «tu» responsabilidad. Porque vivirás en la mente dual. En el bien y el mal. En lo correcto y en lo incorrecto. No lo podrás evitar. Es para lo que has sido condicionado.
Cuando se produce el Despertar sigue habiendo placer y dolor, emociones, pensamientos. La Vida es la misma, pero con el saber interno de que eres el Océano, no la ola. El cuerpo-mente sigue teniendo sus preferencias, sus particularidades, sus manías, sus rarezas. Pero se Ve que no hay «alguien» que elija nada. Se Ve que solo hay UN movimiento. UNA Vida que incluye todas las aparentes vidas y cuerpos-mentes. Se Ve que nada es permanente. Que todo viene y va. Nace y muere. Todo, menos esa Vida, ese «espacio», esa Nada permanente donde Todo lo impermanente (pensamientos, emociones, sonidos, olores, objetos, cosas, seres, cuerpos, experiencias, tiempo…) viene y va.
Las olas aparecen y desaparecen en el Océano. El Océano se mueve como un Todo. Las olas no se mueven de manera independiente las unas de las otras porque no están Separadas entre sí. No hay alguien dentro de cada ola que decida hacia dónde moverse e ir. ¡Ésa es la ilusión!
Somos tanto la hoja de papel en blanco como lo que se escribe y borra en ella. Tanto el Silencio como el ruido. Tanto la Quietud como el movimiento. Tanto el Sujeto como el Objeto. TODO es UNO. El arriba y el abajo, el bien y el mal, el dentro y el fuera, no son más que palabras que se usan para comunicarnos, pero arriba y abajo no existe. Es TODO un único Espacio. Un único Tiempo. Una única Vida. Una única Energía.
«Tu» vida y «mi» vida son la misma VIDA. El mismo Océano que al «moverse» aparece en forma de olas de diferentes características, pero que son la misma Esencia.
No hay dos, hay UNO. Siempre UNO.


