La Vida no tiene ningún sentido. Ningún propósito. Vivirla, vivirse es su razón de Ser. ¿Qué sentido tiene la existencia de una rosa, de una piedra, de un lago, de una nube cualquiera? Creemos que necesitamos un sentido para todo. Creemos que necesitamos conocimiento, saber de qué va esto. Creemos que, sin respuestas, no podremos vivir en paz. Pero no nos damos cuenta de que esas respuestas que adquirimos provienen de la necesidad de control. De tener el mando de lo que va a suceder.
¿Y desde cuándo el limitado y diminuto Ser Humano puede tener el mando de la ilimitada e infinita Vida? ¿Y desde cuándo alguien puede saber nada de un futuro que no ha sucedido?
Es miedo. Solo miedo. Y desde el miedo, pretendemos sentirnos seguros. Lo cual es muy incoherente. ¿Cómo el miedo y las acciones que surgen de él van a hacer que te sientas seguro? Es una falsa seguridad que se viene abajo cada vez que experimentamos que no controlamos nada. Cada vez que aquello que hemos planeado se viene abajo porque la Vida tiene otros planes que son los que SIEMPRE se llevan a cabo. Y después de experimentar constantemente que no controlamos nada, seguimos pretendiendo controlarlo todo. Así de ciegos estamos.
No hay un sentido para nada. La Vida es «lo que es». Sin más. No hay interpretación. No hay explicación. No hay destino ni meta a alcanzar. ESTO es todo. Pero la mente (que no es más que pensamientos que aparecen y desaparecen) no se conforma con eso porque necesita «más». Más experiencias. Más conocimiento. Más de «lo que sea». Es amante de lo complicado cuando la Vida es muy simple. Por eso no puede aceptar que «Esto es todo». Porque esa respuesta es demasiado sencilla para que sea verdad. Porque no hay de dónde sacar «más». Más proceso. Más camino. Más objetivos. Más adrenalina. Más dopamina. Más, más y más.
Los «sentidos y propósitos» que nos inventamos son ilusorios. Tan sólo creencias para sentirnos mejor. Miedo a sufrir. Miedo a la soledad. Miedo a la muerte. Todo ese miedo está nadando en nuestras aguas y ni siquiera somos conscientes de él. Porque lo tapamos con «más y mejor». O con «menos y peor», que es la otra cara de la moneda, pero con la misma raíz. Hay personas que se aferran al sufrimiento, a la infelicidad porque eso les da una identidad. Una etiqueta. Un «sentido de». Y prefieren esa identidad victimista que afrontar que no tienen ninguna identidad. Que «ESTO es todo».
¿De qué tienes miedo? ¿Para qué necesitas respuestas? Y no me refiero al conocimiento de saber cómo funciona una lavadora o un ordenador. Me refiero a las respuestas trascendentales de la Vida.
No puedes conocer la Vida porque la Vida es espontánea. Surge en este instante y se va en este instante para volver a aparecer y volver a desaparecer de manera espontánea otra vez. ¿Por qué? ¿Para qué? ¡Para nada! ¡Porque sí!
¿Cómo vas a conocer lo que aún no ha nacido? ¿Cómo vas a conocer lo que ya no es?
ESTO es nuevo. Es único. No puedes saberlo. Tus respuestas vienen del «ESTO» de ayer. Y ese «ESTO» de ayer no tiene nada que ver con «ESTO» de ahora (aunque lo parezca).
La Vida aparece AHORA con toda una memoria, recuerdos que dan la sensación de que han sido reales. De que el tiempo lineal (pasado, presente y futuro) existe. De que tu historia personal ha sucedido de verdad.
¿Puedes tener la certeza de que esa memoria, esos recuerdos han sucedido realmente? ¿Cómo lo sabes si no están sucediendo AHORA? ¿Qué diferencia hay entre esa memoria de tu historia personal y la memoria de lo que has soñado esta noche o de la memoria de haber imaginado que eres una estrella mundial del pop musical?
Mírale. Investiga. Ábrete a descubrir otras respuestas que no sean las que te han contado. Ábrete a lo sencillo. A lo obvio. A lo que tú Ves, y no a lo que creen ver otros (incluyéndome a mí).
La Vida, lo que buscas es ESTO. Y ESTO no tiene ninguna explicación. La Vida va a seguir viviéndose con o sin respuestas ilusorias. No las necesita porque ella misma es la respuesta. No las necesitas porque tú eres esa misma Vida que es la respuesta sin respuesta que no necesita ser comprendida.
Es un Misterio. Y ese Misterio es la maravilla de la Vida. Ese desconocimiento. Ese no saber. Esa incertidumbre de que en cualquier momento puede suceder cualquier cosa. Ésa es la chispa de la Vida.
El control es miedo y fomenta el miedo, y lo caducado, y lo obsoleto. La apertura al «no saber» es confianza (en nada y en nadie) y fomenta la curiosidad, la vitalidad, la creatividad, lo coherente con ESTE momento.
Hay preguntas que sólo están para convivir con ellas, no para alcanzar… su respuesta. Cuando dejas de necesitar respuestas, entonces es cuando puedes empezar a Ver la Vida tal y como es, y no tal y como te gustaría que fuese.
Descubre más desde EMVP
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.


