LA SENCILLEZ DE SIMPLEMENTE VIVIR

Vivir es simple. Lo que no significa que sea siempre agradable. El placer y el dolor son las dos caras de una misma moneda. Forman parte de nuestra experiencia humana dual. Y hay una biología en el cuerpo que tiende al equilibrio, a aquello que es sano para él, a aquello que le sienta bien.

Pero una cosa es esta biología natural y otra muy distinta es el rechazo a «lo que es». A la realidad. A lo que está sucediendo. A pretender alcanzar algo más de lo que sucede en cada instante que es pura Vida.

Esa lucha contra «lo que es» es la que convierte el dolor natural en sufrimiento, que no es biológico sino psicológico. Proviene de las creencias. De la identificación con los pensamientos. De creer que somos algo Separado de la Vida. Y, ¿cómo vamos a escapar de la Vida, de lo que está ocurriendo, si somos esa misma Vida?

La Paz profunda que buscamos no tiene nada que ver con no sentir ciertas emociones, sino con incluirlas a todas porque esas emociones también son la Vida que somos. De nuevo, es nuestra creencia errónea de que sentir ciertas emociones nos hace «menos que». Y de nuevo, esa creencia errónea proviene de creer que somos lo que no somos: un «yo» individual que nada tiene que ver con todo lo demás (Vida).

Cuando Ves la Vida tal y como es, sin interpretarla, sin juzgarla, sin negarla, entonces hay Paz, aunque también haya miedo, tristeza o ira. Simplemente, las emociones aparecen y cuando se ha agotado su energía, desaparecen. Es así de SIMPLE. No hay nada que permanezca. Todo es un movimiento fluido que viene y va. Igual que las nubes en el Cielo. Igual que las olas en el Mar. Incluso la sensación de «yo individual» también viene y va. Como si fuera un pensamiento (que es lo que es). Pero no nos damos cuenta de ello. Nos creemos que esa sensación (pensamiento con historia personal) es lo que somos en realidad. Y desde esa perspectiva vemos a la Vida, a nosotros, al mundo y a los demás (no hay nosotros, demás ni el mundo porque TODO ES UNO). Desde un lugar de Separación que es el que nos hace sufrir y el que nos lleva a buscar LO que somos (Unidad, Felicidad, Paz) de diferentes maneras: éxito material, profesional, relaciones, iluminación, mejor versión.

Pero todas esas formas están destinadas a fracasar (incluida la espiritual) porque su premisa es falsa: el convertir al «yo personal» (que es un pensamiento) en un «yo iluminado o exitoso» (otro pensamiento). Entonces, nos encontramos pretendiendo alcanzar lo que ya somos siempre en un futuro que no existe.

Todo lo que ocurre es lo que somos porque no hay nada que no seamos porque «somos UNO». Y en ese UNO no hay separación ni de objetos ni de espacios ni de tiempos. Hay APARIENCIA de cosas, objetos, cuerpos, organismos, seres separados, pero es solo la forma en la que nuestros ojos están limitados a percibir lo que ven. Y porque la Vida se experimenta así. Si viésemos a través de unos ojos que vieran la realidad tal y como es, donde los objetos son energía vibrando, no podríamos experimentar la vida tal y como la experimentamos porque no distinguiríamos una silla de un cuerpo.

Todo es la misma Energía en constante movimiento. Y dentro de ese «todo» se encuentra también el llamado Ser Humano. No hay nada estático, fijo. Lo único que es siempre permanente es la Presencia. El Espacio sin nombre, que no puede ser experimentado, desde donde la Vida tal y como la conocemos aparece y desaparece. Y ese Espacio (Consciencia, Absoluto, Universo, Silencio, Uno, Totalidad, Dios…) es lo mismo que la manifestación de la Vida porque, de nuevo, TODO ES UNO. No hay Separación. Es el Océano que al moverse se manifiesta como olas. Pero el Océano y las olas son lo mismo.

Sin ese «yo individual» (que también es la Vida en forma de identificación con un pensamiento), la vida se vive de la misma que manera que se ha hecho siempre, pero con la Claridad de que eres esa Totalidad. De que no hay un «alguien» que decida nada. De que todo es un suceder de acontecimientos, pensamientos, emociones, sensaciones. Ya sean agradables o desagradables. Se sientan como placer o como dolor.

Ésa es la simplicidad: «lo que es» es lo que hay tal y como es. Y nada ni nadie (no existe alguien aparte de «lo que es») puede cambiar eso, aunque los cambios pueden producirse por nada ni por nadie.


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