EL AGUJERO LLENO

Érase que se era…

un agujero que siempre estaba lleno. Viajaba de bolsillo en bolsillo en busca de abrazos, de caricias y de besos. Cuando los encontraba, se los tragaba. Sin dejar ni una miga. Sin dejar ni una gota. Se sentía pleno. Completo. Como si no le faltara nada. Como si estuviese hecho de Eternidad, de Infinito y de Universo Entero.

Un día, mientas paseaba por un Corazón Desierto, escuchó un sollozo aterrador. Como si alguien estuviera mojando con lágrimas un enorme hueco seco. El Agujero Lleno se encogió al sentir tanto dolor y preguntó:

¿Quién llora ahí? ¿Qué te ha pasado? ¿De dónde viene ese temblor?

El Corazón Desierto levantó su triste mirada y respondió:

El Amor me ha abandonado y la soledad ha okupado mi latir, sin pedirme permiso ni razón. No paro de llover. Las gotas me ciegan la Visión.

El Agujero se quedó unos segundos en (el) Silencio. No entendía cómo el Amor, que no es de nada ni de nadie, que está ausente de condición, es capaz de abandonar. Porque para abandonar antes tiene que estar en posesión de alguien. Necesita estar metido en un cajón y encerrado con llave para que no pueda volar.

Después de reflexionar durante un rato, se acercó al Corazón aTormentado y le dijo:

El Amor no te ha abandonado. Eres tú el que se ha olvidado que no se puede Amar sin Alas. Sin Libertad. ¡Mírame a mí! No (re)tengo nada porque nada me pertenece. Todo lo que llega, viaja por mi Piel, me deja su aroma y se va. Por eso, aunque estoy vacío, me siento lleno. Porque lo que sí tengo es un Espacio infinito y eterno en el que la Vida puede llegar y SER «lo que es». Sin juicios. Sin reclamos. Sin cremalleras que la dejen sin vibración. Sin aire. Sin emoción. Y sin pasión.

El Corazón Desierto, al escuchar esas palabras, se dio un vuelco y un amanecer lleno de mariposas se posó en su intuición. Poco a poco, las nubes oscuras que habitan en sus ojos se dispersaron y un brillo en sus ojos se Iluminó. El Sol, por fin, había hecho acto de Presencia. Nunca había dejado de Existir, pero estaba tan absorto en sus pensamientos que no recordaba que Él había sido tejido con los mismos hilos de Amor por los que se estaba arrastrando su Latir.

Le dio al Agujero un abrazo de esos en los que no sabes donde empiezas tú y donde acabo yo, y se fue Volando hacia «no sé sabe dónde, cómo ni con quién».

El Agujero se quedó saciado de su Encuentro con el Corazón (ya no Desierto) y le dijo adiós. Continuó su Camino sin ningún ton ni ningún son y desprendiendo… un nuevo aroma más de su Interior.

Y colorín coloreado, este cuento ya se ha pintado.


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