(A)pareces.
Cuando mis ojos están cerrados.
Y también, abiertos.
No sé si soy yo la que te sueña.
O si eres tú
la que me (des)vela por las noches
porque te has convertido en mi Doña.
Y en mi dueña.
Lo que (a)parece.
Ese perfume que (me) dejas
cuando nos dejamos.
Al descubierto.
Y de lado.
Cuando nuestros cuerpos están ausentes.
Cuando nuestro Encuentro
se ha quedado respirando eternamente
en el Presente.
Un aroma que (me) despierta
en las madrugadas.
Después de haberse colado
por la noche
bajo mis sábanas.
Y haberme calado la piel
con cada una
de sus danzas.
No eres lo que (a)parece.
Pero (a)pareces tan real
que hasta puedo temblar
con las caricias que no me das.
Con esas miradas que no me echas
porque sabes que (a)tentan
a mi integridad…
Con esos labios
que tanto se mojan,
aunque no se dejen besar.
Y con esos silencios
en los que nos amamos,
aunque el pecado nos impida amar.
(A)pareces.
Para recordarme
que la Separación no existe.
Que (me) habitas
más allá del espacio,
del tiempo
y de las palabras.
Que tu ausencia
(me) regala Vida.
Y que siempre Estás,
aunque nunca estés
acostada en mi orilla.
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