SE TRATA DE ENCENDER LA LUZ

No se puede luchar contra la oscuridad, las sombras, las creencias, las heridas, los patrones y pensamientos que nos hacen sufrir. Ni tampoco se trata de eliminarnos. La mente genera pensamientos. Y lo hace desde que nacemos. Es algo automático e inevitable. Lo que sucede es que se produce una identificación con esos pensamientos también de manera automática. Y esa identificación es lo que nos lleva a sufrir. Eso es la oscuridad. Nada más.

¿Y qué significa encender la Luz? Significa «ser consciente de» que cuando estás sufriendo emocionalmente es porque se está produciendo una identificación con algún pensamiento «negativo». Es poner Consciencia. Es DARSE CUENTA, recordar, que lo que Somos no es esa identificación bajo la que creamos nuestra identidad, nuestro «yo soy». Lo que Somos es el espacio, el trasfondo (por llamarlo de alguna manera), que no tiene forma, que no es un «alguien», donde TODO sucede. Pensamientos, emociones, percepciones.

Eso que sucede, esas «formas», esa manifestación, esas experiencias que SIEMPRE son transitorias (incluido el cuerpo), también es lo que Somos «en forma de», pero no es lo Esencial. Es como si el Océano se identificara con una ola y creyese que es sólo esa ola que nace y muere. El Océano es TODO. Tanto lo manifestado como lo no manifestado. Tanto la forma como la no-forma.

Cualquier tipo de forma (objetos, personas, relaciones, emociones, pensamientos, creencias, experiencias, dolor, placer, comodidad, incomodidad) puedes perderla porque NUNCA es permanente. Las olas se pierden. Las nubes se pierden. Ya sean oscuras o blancas. Pero LO que Eres en Realidad, lo que SIEMPRE ES, el Espacio, el Trasfondo, el Cielo donde las nubes aparecen y desaparecen, ESO no puedes perderlo jamás.

Lo que puedes es olvidar que eres ese Espacio y sufrir por estar identificándote con un pensamiento. Por luchar contra la realidad que está sucediendo. Por rechazar el presente tal y como es en cada instante (ese rechazo es un pensamiento: «no quiero ser así, no quiero sentir esto, no quiero que me duela aquello, no quiero separarme, no quiero perder este trabajo…»). Pero una vez has Visto que no eres la forma sino el fondo, que no eres los pensamientos que aparecen en la mente, puedes «despertar» en ese instante al recordarlo. Y, entonces, esa identificación (oscuridad) se disuelve por sí misma (iluminación).

Nos creemos que somos las bailarinas, pero somos la danza que baila la Vida a través de nuestro cuerpo-mente.

Ese recordar, esa toma de Consciencia sucede o no sucede. La mayoría de maestros, gurús, terapeutas… te indican cómo hacerlo. Te ofrecen prácticas y herramientas que pueden ser muy útiles para calmar la mente y como entrenamiento. Pero no tienen en cuenta lo importante: no tienes ningún tipo de control sobre lo que te sucede. Y este «no libre albedrío» no vende porque implica que no puedes hacer nada para cambiar lo que sucede en cada instante. Porque la «bailarina» ¡no existe! Existe el danzar. La ola no elige cómo es, cuando nace, cuando muere, qué forma adquiere. Simplemente se dedica a ser lo que es.

Eso no significa que «no hagas nada». Significa que todo lo que haces o dejas de hacer, todo lo que decides o dejas de decidir, todo de lo que eres conscientes o inconsciente, sucede por sí mismo. «Algo» te lleva a elegir lo que eliges, a despertar o no despertar, a recordar o a olvidar. La «consciencia de» aparece después de esas decisiones y por eso atribuimos la elección a un «yo» que no existe tampoco. Porque ese «yo» no es más que una identificación que sucede en la mente de manera automática (es decir, que no lo decides «tú»).

Tú tomas las decisiones, pero ¿qué hace que tomes las decisiones que tomas? ¿Eliges el pensamiento, la emoción, el llamado, el impulso, la preferencia, la apetencia a hacer una cosa u la otra?

Aunque aparentemente hablo en forma de que se puede hacer algo (encender la luz), en realidad sólo estoy realizando una descripción de cómo funcionamos, no una prescripción. Si pudiésemos elegir a voluntad, cada instante, encender esa luz o no identificarnos con ningún pensamiento, ya estaríamos en ese estado de permanencia absoluta. ¿Por qué no lo estamos? No es porque no practicamos lo suficiente, es porque NO PODEMOS ELEGIR HACERLO.

Igual que el Corazón late por sí mismo y la respiración sucede por sí misma, todo lo concerniente a la mente, a los pensamientos, a las emociones, a las identificaciones, a la consciencia, a la inconsciencia, también funciona igual.

La Vida sólo sucede AHORA. Y sólo en cada ahora puede suceder esa identificación y desidentificación. Esa «iluminación». Ese recordar LO que eres. Ese darse cuenta de lo ilusorio. De que te has perdido en tus historias mentales sufrientes pasadas y futuras. Pero el hecho de que suceda o no, no depende de «ti». Más bien se trata de una integración interna de Lo que eres, de cómo funciona la mente, la Vida. De que no somos seres separados de la Vida sino UNO con la Vida. Todos somos la misma Vida manifestándose en millones de formas. No hay separación, aunque se perciba así. Y esta Totalidad de la Vida se «mueve» al unísono, no por partes, aunque se perciba (de nuevo) así. No hay una causa individual que tenga un efecto individual en cada persona. Lo que te sucede (efecto), te sucede por millones de causas que ni siquiera eres capaz de contemplar (ni tú ni nadie).

Aceptar, rendirte, dejarte en paz, despertarte, iluminarte, fluir… sólo son «la consecuencia de». No es algo que puedas practicar. No son técnicas ni herramientas para dejar de sufrir. No hay un «cómo se hace». El fin del sufrimiento es la desidentificación con los pensamientos. Es habitar (en) el presente, no (en) la mente con sus historias sufrientes. Esto es una descripción. Saberlo en este momento no va a hacer que en cuanto salgas por la puerta de tu casa vivas en una desidentificación permanente. Una cosa es la teoría, entenderlo, y otra lo que sucede en realidad.

Pero es importante saber que no puedes elegir cuándo se produce ese olvidar y ese recordar (porque la vida, porque todo sucede por sí mismo sin pedirte permiso) para no frustrarte. Para no creer que estás haciendo algo mal. Para no sufrir por dejar de sufrir. Si hay esta Comprensión integrada, podrás realizar todas las prácticas que quieras para mejorar tu cuerpo, para tener una mente más tranquila, para habitar más en el presente, sin sufrirlas. Sin creer que no sirves. Sin el peso de ese esfuerzo por alcanzar una meta que NO depende de ti alcanzar (iluminación, autorrealización).

Podrás PRESENCIARTE con tus luces y tus sombras. Tu consciencia y tu inconsciencia. Tus placeres y tus dolores. Con tus aceptaciones y tus rechazos. Con tus comodidades y tus incomodidades. Con tus tristezas, tus iras y tus alegrías. Con tus recuerdos de ti y tus olvidos de ti. Con tu mente alocada y tu mente en calma. Con tus idas y tus venidas. Sabrás en ese fondo (no en lo superficial) que todo es perfecto, que todo está bien tal y como es. Que hay un propósito, un equilibrio mayor de la TOTALIDAD de la Vida que no podemos descubrir ni saber. Y que te pase lo que te pase, sientas lo que sientas, te rompas en mil pedazos o toques el cielo, LO que eres no lo puedes perder.

La Vida sucede AHORA. El tiempo pasado y futuro son pensamientos con los que nos identificamos y que nos hacen sufrir si son «negativos». Pero no son reales porque la Realidad sólo es Aquí y Ahora.

Deja de luchar con «lo que es», con la vida, con tu «forma» y con la de los demás. ¡Enciende la luz (consciencia) para que se ilumine la oscuridad (inconsciencia)! Y recuerda que «dejar de luchar» no depende de ti. Así que si sigue la lucha, si sigue el rechazo, si sigue el sufrimiento, ¡no sufras por ello! Porque no puedes cambiarlo. Porque no has podido elegir que sea así.

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