Queremos alcanzar la Paz interior, la Perfección, la Iluminación «haciendo» algo. Practicando técnicas, métodos. Usando herramientas de autoconocimiento, meditaciones diversas… Pero todo esto implica un «yo» queriendo conseguir un estado emocional, de consciencia mejor que el que AHORA tiene. Porque con «lo que hay» no es suficiente. Y he ahí el error. Porque se trata de todo lo contrario. De DARSE CUENTA de que ese «yo» es una ilusión, es irreal, y de que la REALIDAD sólo sucede en este momento que estás menospreciando y juzgando.
PAZ es lo que YA somos. No es algo que se puede practicar. No es algo que requiera de una disciplina y un esfuerzo. No es un músculo que se tenga que tonificar. La PAZ que anhelamos YA es siempre Aquí y Ahora, pero no la percibimos porque está envuelta de «nubes». De creencias, de etiquetas a las que estamos aferrados, de «cosas a lograr, conseguir, alcanzar» que NUBLAN nuestra Visión. Es como el SOL. No hay que escalar ninguna montaña ni subir de nivel de consciencia ni cambiar un «yo» nublado por un «yo» soleado. Cuando las nubes se disipan, el Sol se hace Presente. Se aprecia. Se Ve. Se siente.
Es un descubrimiento, no una creación ni una producción. El querer alcanzar la Paz interior ya implica que la estás buscando en otro lugar que no ES Ahora. Implica tiempo. Implica un futuro. Implica mañana. Es una trampa más.
Si meditas PARA llegar a la Iluminación, a la Paz permanente, nunca la lograrás porque el DESDE DÓNDE lo haces es una nube que te impedirá percibir que YA eres Iluminación y Paz. Que YA estás en casa SIEMPRE. En el Hogar. Que TODO lo que sucede es Casa. Es la Totalidad que anhelas alcanzar. Pero como no sabe (de sabor), no se siente como tú CREES que debe sentirse, la rechazas de inmediato (consciente o inconscientemente).
No «tienes que» ser, pensar ni sentir de otra manera distinta a la que AHORA eres, sientes y piensas. Todo siempre es «lo que es». Todo siempre es Perfección (te guste o no). Todo siempre es Dios, el Universo, el Uno, la Consciencia, la Unidad, la No-dualidad, el Absoluto. No hay nada Separado de ello (que eres tú). Ni un pensamiento ni una emoción ni una experiencia ni un placer ni un dolor ni un sufrimiento. TODO es ESO que anhelas, que buscas, que CREES que está fuera de «ti», de ahora y de aquí.
No hay dentro ni fuera. No hay arriba ni abajo. No hay Cielo ni Tierra. No hay nada que conectar ni que unir. Todo ya está Unido. Todo ya es UNO manifestándose en millones de formas distintas. Igual que el Océano se manifiesta en millones de olas distintas. La ola no «tiene que» alcanzar el Océano. Ninguna meditación puede hacer que lo logre ni que no lo logre porque YA es Océano siempre.
¿Puedes Verlo? ¿Puedes captar el engaño del «camino espiritual»?
La Vida «es la que es» y se vive a sí misma en millones de formas (incluidas las humanas). No hay un «yo» individual y separado de la Vida (de la Totalidad, de Dios, del Absoluto) que esté decidiendo cómo vivir «su» vida. La Vida es UNA y la misma para todo y todas las formas que percibimos como separadas, pero que no lo están.
No hay nada que alcanzar, pero el «querer alcanzar» es Perfecto también porque es la Vida manifestándose de esa manera. Con esa experiencia de «llegar a iluminarse».
Iluminarse es DARSE CUENTA de que no hay nada que iluminar ni un «yo» que pueda hacerlo. Ya está. Todo lo demás son IDEAS de lo que es la Iluminación.
Queremos sentir emociones agradables y placer. Y eso es algo humano y natural. No se trata de eliminar ni de evitar los placeres y los deseos. Se trata (de nuevo) de DARSE CUENTA de que no son más que experiencias transitorias que vienen y van. Tanto el placer como el dolor. Tanto la sensación de felicidad como la de sufrimiento. TODO es impermanente en la experiencia humana. Todo lo que nace va a morir. Todo lo que se ha creado va a ser destruido. Apegarse, aferrarse a algo, a alguien que es impermanente es sufrir porque vas a vivir con miedo a perderlo (seas consciente o no de ello) y porque en algún momento va a «morir» eso que quieres que nunca muera: una relación, un trabajo, un estado emocional, una experiencia espiritual, un objeto, una persona querida… Ya sea por muerte física o por una separación, todo aquello externo en lo que pones tu felicidad, va a desaparecer.
Hay sufrimientos que no se pueden evitar: la muerte, la enfermedad, el sufrimiento de una persona amada. Forman parte de la Vida. Y si no lo Comprendes, si no lo aceptas, sufrirás más por la lucha interna que se producirá. Y luego está el sufrimiento «evitable» que tiene que ver con los discursos mentales pasados y futuros con los que nos identificamos y que no tienen nada que ver con lo que AHORA está sucediendo. Hechos del pasado que te dolieron, remordimientos, culpas…, y proyecciones futuras oscuras que nos dan miedo, que son catastróficas etc. Nada de esos pensamientos son hechos. No están ocurriendo AHORA y son los que nos provocan más sufrimiento en nuestra vida.
Todo lo que no está sucediendo en este preciso momento NO ES REAL.
Y luego está el sufrimiento por estar identificados con un «yo» que tampoco es real. Que es un conjunto de etiquetas con las que nos identificamos y que nos creemos que es lo que somos: mujer, enfermera, española, catalana, espiritual, hija, consciente, de izquierdas, valiente, tauro, sensible… Un montón de etiquetas que tenemos clavadas en la piel y que cada una de ellas lleva consigo una «carga» emocional que nos lleva a estar defendiéndolas constantemente. Que nos llevan a sufrir y a estar en lucha.
Todo eso no son más que NUBES que impiden que LO que somos (Paz) se descubra porque está totalmente velado por «quién» creemos que somos, por «quién» creemos que deberíamos ser, por «qué» emociones deberíamos sentir y no sentir, por «cómo» deberíamos pensar y no pensar y por decenas de «deberías» más que nos asfixian y nos hacen sufrir.
La Paz no se alcanza. La Paz es lo que somos. Y cuando todas esas nubes se disuelven, lo cual no necesita de un proceso de tiempo ni de una evolución sino de un DARSE CUENTA en este momento, es cuando te sientes en Paz. Porque no hay nubes luchando entre sí ni con el mundo ni con la vida ni con los demás.
Es una Comprensión, no un «hacer». Y es una Comprensión que puede ir y venir. Y que nunca es voluntad tuya que vaya o venga porque «tú» (conjunto de etiquetas con las que te identificas) no existes. Es la Vida la que decide. Es la Vida expresándose, manifestándose con esas ideas y venidas. Con esas identificaciones y no identificaciones. Con ese sufrimiento y no sufrimiento.
No hay nada que seas, que sientas, que piensas y que te suceda (y haya sucedido) que esté fuera de lugar, que sea un error y una imperfección. Lo podrás sentir como más o menos agradable. Como placer o dolor. Como sufrimiento o felicidad. Pero sea cual sea la «calidad» de ese Sentir es Perfecta. No hay juicios. No hay incorrectos en la Vida.
La Vida «es la que es» y no es necesario entender por qué ni para qué «es lo que es». No puedes saberlo por mucho conocimiento que adquieras. Sólo el «yo separado e individual» NECESITA saber. Cuando hay Comprensión, la necesidad de respuestas desaparecen. No interesan. Sólo vives lo que vives. Ya sea en forma de sonrisas, de lágrimas o de neutralidad. No controlas nada. NUNCA lo has hecho, aunque te creas que sí.
Esto es sólo una descripción, no un lugar al que llegar. El ruido mental es perfecto. El sufrimiento es perfecto. Las técnicas, métodos, herramientas, terapias son perfectas. La perdición es perfecta. La ignorancia es perfecta. La incomprensión es prefecta. TODO es UNA misma energía SIÉNDOSE en estas formas. Ni mejores ni peores. ¿Más cómodas o más incómodas? Sí. Pero es que la Vida Humana «es así». La Ilusión de una Vida humana siempre Perfecta, sin dolor, sin sufrimiento, sin luchas, sin guerras, sin violencia, sin tristezas, sin enfermedad, sin ira… está basada en una Idea de Permanencia de una Vida que es intrínsicamente Impermanente. Igual que un día puedes sentirte dichosa, al día siguiente puede suceder «lo que sea» que te rompa el Corazón. Porque todos los estados emocionales vienen y van. Porque todo es transitorio.
De igual modo, puede llegar a lograrse (o no…) una sociedad «perfecta espiritualmente hablando», pero nunca va a ser permanente porque la Impermanencia es lo único permanente. Porque la Vida es cambio constante. Tanto a nivel «personal» como «colectivo» (ambos son UNO).
Por eso, aferrarnos a algo o alguien que nos aporta felicidad ahora es una semilla de sufrimiento futuro. Y eso no significa que huyas de ese algo o alguien. O que te vuelvas frío e indiferente. Es al revés. Cuando hay Comprensión de la Impermanencia, cuando hay consciencia de que quizás mañana ya no puedas disfrutar de eso o esa persona o ese lugar o ese trabajo o ese sentido corporal…, lo aprecias mucho más. Lo disfrutas más. Lo valoras más. No al contrario. No hay miedo a perder. Hay AGRADECIMIENTO por tener lo que tienes AHORA y por Ser lo que eres Ahora.
Y eso no significa tampoco que, si lo pierdes, si desaparece, si se muere…, vayas a dar saltos de alegría. Podrá entristecerte, pero la Comprensión de la impermanencia que YA tienes no hará que sufras la pérdida con igual intensidad que si no tuvieras la Comprensión real. Porque SABRÁS que tu Paz, que tu Felicidad no depende de nada ni nadie externo. Sabrás que eso que crees que te da el otro, ES lo que Eres tú y todo y todos. Así que nadie puede dártelo ni quitártelo. Igual que ninguna nube (oscura o luminosa) puede afectar al Sol.
Todo sucede por sí mismo. No necesitas «hacer» o «no hacer» nada para que la Vida SEA. Es ELLA la que te mueve a ti, no tú a Ella.


