PERMITÁMONOS SER IMPERFECTAMENTE HUMANOS

Me cuesta (man)tener amistades a un nivel íntimo y profundo. Puedo relacionarme y hablar con todo el mundo, pero ir un paso más allá me resulta complicado. Porque las energías de juicio, de crítica, de cotilleo hacia los demás no me sientan bien. No me gustan. No van conmigo. Y, aunque nadie quiere ser juzgado, hay pocas personas que no proyecten (porque al final no es más que una proyección) sus autojuicios, su autonegatividad, hacia los demás.

Opinamos (criticamos) muy a la ligera del otro. Sin tener ni idea de cuál ha sido su camino, sus piedras, sus desafíos. Nos creemos que ser libres es expresar todo lo que nos dé la gana y de la manera que nos dé la gana. Pero si esa libertad no va acompañada de empatia y de respeto, se convierte en ignorancia, en prepotencia, en soberbia y en victimismo. Y puede hacer daño. Mucho daño.

Honestidad, sinceridad no es soltar por la boca todos nuestros pensamientos. Necesitamos tener filtros. Ser conscientes. Tener en cuenta al otro: responsabilidad afectiva. Si no, lo único que estamos haciendo es vomitar al mundo toda nuestra mierda. ¿Y qué culpa tiene el mundo, los demás, de que nosotros no nos hagamos cargo de ella?

Todos tenemos heridas. Todos tenemos defectos. Todos tenemos sombras y manías. Y cuando hay una relación (del tipo que sea) tanto nuestras luces como nuestras oscuridades se muestran, por mucho que intentemos disfrazarlas, enmascararlas y suavizarlas. Cuanto más contacto tenemos con el otro, más sale nuestra auténtica versión. Y ahí es cuando empieza la verdadera relación. Evidentemente, hay una elección de vincularse con personas que son más afines a ti. Con tus valores. Con tu manera de ver la vida y de sentirla. Compartir tu tiempo, tu energía, tu cuerpo, con aquellos con los que te sientes respetada. Con los que te sientes como en casa.

No tenemos por qué encajar ni llevarnos bien con todo el mundo. Esto no es real. Hacia algunos sentiremos rechazo. Hacia otros, atracción. Nos quedaremos con lo(s) que nos sienta bien. Y lo(s) demás lo descartaremos. Pero no porque nos consideremos mejores, sino porque es con lo que conectamos. En la medida en que dejas de tratarte con dureza, con exigencia, con perfeccionismo, con juicio, condena y castigo, dejas de hacerlo también con los demás (lo que es dentro es fuera). Pero eso no significa que tengas que ser amiga de todo el mundo ni quedar con todo el mundo ni relacionarte con todo el mundo. Son cosas distintas que, a veces, confundimos.

Cuanto mejor estás contigo misma, más selectiva te vuelves con las amistades. Porque no eliges desde la necesidad, sino desde la plenitud. Eliges para compartirte, no para que alguien te (re)llene tus vacíos. Y si ese lugar de compartir no es respetuoso, no es desde una mirada positiva, reflexiva, empática, compasiva de la vida, no te interesa porque en lugar de sumarte, te resta. Te sienta mal energéticamente. Y como te llevas muy bien con la soledad (con tu presencia, con tu compañía), dices que NO a todo aquello y aquellos que no te aportan paz sino guerra, lucha, drama y conflicto. Y no me refiero al conflicto puntual, natural y necesario que surge en una relación. Me refiero a la inercia por buscar conflicto constante y como sea para escaparte de ti. Para no verte. Para no escucharte. Para escupirle al otro lo que eres incapaz de sostener de ti.

Sólo el contacto, el tiempo compartido, hace que nos mostremos realmente cómo somos. Tanto para lo bueno como para lo malo. Y ahí empieza la verdadera relación. Porque para amar necesitas Verlo todo. No sólo lo agradable. Porque somos TODO, no una parte. Y tenemos todo el derecho a decir NO. Y el otro a decirnos NO a nosotros. Y es algo que debemos respetar. Respetar nuestros NOes y los NOes de los demás. Y ese NO (hacia nosotros o hacia el otro) significa sencillamente que no conectas, no que el otro o tú seáis lo peor.

A veces, queremos ser un SÍ para todos, pero esto es utópico. Queremos agradar a todo el mundo. Caerle bien a todo el mundo. O que nos agrade, atraiga y nos caiga bien todo el mundo. Y las relaciones no funcionan así. Porque lo que manda es nuestra energía, no lo que nos gustaría. Lo que hay en lo profundo, no en la superficie. Y en lo profundo hay muchas cosas sucediendo, moviéndose, actuando de las que ni siquiera somos conscientes (sobre todo, si no nos miramos…).

Pero una cosa es decir NO porque no hay compatibilidad energética y otra muy distinta es decir NO en cuanto surge un malestar por no saber sostenerlo. Por «miedo a». Por estar acostumbrada a la comodidad de la soledad. Por ser intolerante a las sombras de los demás. Que es lo que me solía pasar a mí (y aún estoy aprendiendo…).

Es tan importante respetar tus Síes y tus Noes como aprender a sostener la incomodidad y conflicto que surgen naturalmente en una relación. Porque si no lo haces, o te relaciones con cualquiera (lo cual no te va a aportar nunca felicidad, plenitud ni paz) o no te relaciones con nadie (lo cual no te va a aportar nunca felicidad, plenitud ni paz). Porque una cosa es ser emocionalmente independiente y otra muy distinta es ser incapaz de relacionarte, de compartir y tener vínculos profundos con el otro por tu dependencia a tu independencia emocional (ésta soy yo).

Tanto una parte como la otra son un proceso de aprendizaje. Es salir de lo que te es familiar y que NO te hace feliz ya. Quizás, fue necesario en su momento para aprender «lo que sea». Pero ya no lo necesitas. Ya puedes salir al mundo, confiar en él otra vez. Porque tienes las capacidades, herramientas, habilidades, madurez para poder lamer tus heridas cuando se abran, cuando se activen. En lugar de salir corriendo. En lugar de escapar del mundo por CREER que el mundo es peligroso para ellas. Para ti.

En una relación, familiar, amistosa o de pareja, no todo va a ser cómodo y agradable. Porque NO SOMOS PERFECTOS, sino humanos. E igual que tenemos días, momentos, en que estamos insoportables, los demás, también los tienen. Y escapar, huir, anestesiarte en cuanto surge algo que te desequilibra no es la solución. Lo que no significa que tengas que aguantar, soportar maltrato y faltas de respeto. No nos vayamos al extremo con la excusa de que «nadie es perfecto» y nos quedemos donde nos hacen daño.

¡Permitámonos ser imperfectamente humanos! ¡Permitamos al otro ser imperfectamente humano! Siempre, con unos límites. Y siempre que no sea lo habitual, sino lo excepcional.

Más humildad.

PARA COMPARTIR:

Facebook
X
Threads
WhatsApp
Telegram
LinkedIn
Email
Print

Últimas Entradas del Blog

ESTANDO ROTAS

Querernos incluso así.Estando perdidas.Desquiciadas.Despeinadas.Locas.Rotas.Viendo cómo el tiempoconsume lo que es transitorio.Escuchando cómo la música de la Vidanunca puede apagarseaunque nos

Leer más »

ARÁÑAME EL ALMA

Deja de huir del destino.Y ¡aráñame el Alma!Y muérdeme la rabia.Y desgárrame las entrañas. Déjame entraren esos miedosque te llevan

Leer más »